A
inicios de los ‘90 se abría un 35 por ciento
más de empresas de las que se iniciaron a fines de
la década pasada en Latinoamérica, lo que sin
lugar a dudas es un tema preocupante para un continente que
requiere de nuevos emprendedores que generen crecimiento económico
y nuevos empleos. En síntesis, una sequía empresarial
de proporciones, en un mercado de gente dependiente que crece
vertiginosamente y que espera una ocupación que debe
darle alguien dispuesto a asumir riesgos en la creación
de nuevas empresas.
La
mayoría de estas pocas nuevas empresas que están
surgiendo en nuestro continente, desde México hasta
los confines de Tierra de Fuego, ya no son grandes organizaciones
orientadas a la producción masiva. Más bien
se trata de organizaciones de servicio, comercio o intermediación,
generalmente sociedades limitadas con poco capital y generación
de empleos. Incluso, muy pocas de ellas son sociedades anónimas.
Las
nuevas actividades empresariales se manifiestan también
a través de la inversión extranjera o local,
que ahora se dedica a comprar empresas, reestructurarlas y
despedir personal, más que a crear nuevos puestos de
trabajo. En este tipo de inversiones no hay una clara identificación
del proyecto con un empresario, sino más bien con un
grupo de capitalistas dispuestos a buscar proyectos rentables.
Sin
embargo, la cadena de todo el desarrollo es generada –justamente–
por los pequeños emprendedores. Ellos, con sus proyectos
(para muchos poco rentables en ese momento), inician el proceso
y asumen el riesgo, haciendo crecer sus empresas, las que
luego de llegar a un punto de desarrollo están sujetas
a ser compradas por grandes conglomerados. Léase el
“boom” de empresas virtuales con sitios en Internet,
que han crecido a un ritmo que cualquier industria tradicional
quisiera, empresas de servicios que apoyan los procesos de
outsourcing de las grandes empresas, comercio e intermediación,
etc.
La
mayoría de los latinos dependen de este grupo de osados
aventureros para que generen oportunidades de desarrollo.
¿Estaremos ante una sequía empresarial de proporciones
o ante un cambio generacional?
Ser
un empresario significa, en sí, asumir riesgos personales
que en muchos casos comprometen el patrimonio personal, cometer
errores y finalmente poseer una perseverancia a toda prueba.
Un
empresario siempre se pregunta: ¿por qué cometer
los mismos errores, si hay tantos nuevos errores por cometer?
Cuando
el riesgo que se asume involucra bienes de terceros y no los
propios, se trata verdaderamente de accionistas, inversionistas,
dueños o quizá ejecutivos, pero no de un empresario.
Ambos
constituyen los eslabones más importantes en la creación
de nuevas empresas y, por consiguiente, de fuentes laborales.
Unos lo hacen a costa de manejar sueños y nuevas ideas,
dispuestos a transformar lo que no existe en un producto o
servicio que satisfaga a miles de personas. Otros lo hacen
colocando en juego su prestigio profesional y su cargo.
¿Qué
es ser entrepreneur?
Como
en el mundo de los negocios los grandes "nichos"
ya se encuentran llenos, está surgiendo un nuevo tipo
de empresario, el Entrepreneur, galicismo que lo identifica
en todo el mundo. Es el empresario del siglo XXI, aquel capaz
de detectar los negocios de "sintonía fina"
que emergen en la sociedad del conocimiento en que vivimos.
Esta
nueva filosofía de negocios, conocida como entrepreneurship
o emprendedorismo, ya se enseña en las universidades
latinas y constituye un paradigma nuevo en los negocios. Se
basa en variables como el riesgo, los errores, los fracasos
y la pasión por una idea, que puede surgir como algo
absurdo o imposible de lograr, pero que constituye la nueva
esencia en el estilo en que se está forjando la capacidad
emprendedora en nuestro continente.
La
acción emprendedora nace con un sentimiento de insatisfacción
de la persona, principalmente con lo que le está pasando
en su carrera profesional. Un sentimiento de frustración
y disgusto que en algunos casos no lo deja dormir, lo torna
irritable. Nace el deseo de dejar una marca en la vida, algo
que lo sustente en el futuro, una razón para sentirse
importante.
Comienza
así la búsqueda de algún producto o servicio
que pueda generar el desarrollo de un nuevo negocio, que le
solucione el problema a un consumidor. En este sentido, considérense
los grandes éxitos desarrollados en los últimos
años por entrepreneurs en las áreas de la biomedicina,
los servicios, las telecomunicaciones, la computación,
internet y otros, que estuvieron dispuestos a asumir riesgos,
endeudarse financieramente, asumir responsabilidades para
las que no se habían preparado ni se las habían
enseñado en la universidad, desarrollar planes de negocios,
dejar sus trabajos seguros y comprometer a la familia en proyectos
considerados por muchos como riesgosos y poco probables de
tener éxito.
En
síntesis, el entrepreneurship es una actitud positiva
hacia la gestación de negocios, constituyendo una tecnología
que se puede aprender, rompiendo así con el paradigma
clásico de que “se nace bueno para los negocios".
En
verdad, está emergiendo una cultura emprendedora de
proporciones, donde muchos latinos están optando por
iniciar sus propios negocios, superando la creciente cantidad
de trabas legales, tributarias y de todo tipo, la falta total
de políticas estatales de incentivo al desarrollo de
fondos de capital de riesgo que apoyen los nuevos negocios,
aquellos sin historia y que se basan en un proyecto viable.
Lo que actualmente existe es ineficiente y sólo constituyen
aportes de capital a negocios que ya funcionan.
Este
fenómeno se verifica más entre la gente joven
de espíritu y en una corriente de ex-ejecutivos y profesionales,
que están creando nuevas oportunidades en empresas
de servicio, comercio, conocimiento, información y
valor agregado en el área fabril.
Son
gente sin historia empresarial y, por lo tanto, no reconocida
por los agentes financieros tradicionales; más bien
trabajan con recursos propios o con capital de riesgo que
les aportan otros osados empresarios o inversionistas, apostando
al éxito del emprendimiento.
En
Silicon Valley
La
cuna del entrepreneurship, también definida como desarrollo
empresarial moderno, está en Silicon Valley, una localidad
ubicada a unos 15 kilómetros al sur de San Francisco.
Ahí, un ejército de entrepreneurs trabaja con
participación accionaria y generalmente en sus casas,
creando nuevas ideas para empresas como Atari, Hewlett Packard,
Apple Computer, Xerox, Digital Equipment, nutridos por la
Universidad de Stanford.
Steve
Jobs creador de las computadoras personales que todos tenemos
hoy sobre nuestros escritorios, nos resume su ingreso al selecto
club del Valle del Silicio o Silicon Valley.
"Entonces
nosotros fuimos hasta la Atari y les dijimos: Miren, conseguimos
este aparato sorprendente juntando unas piezas de sus propias
máquinas. ¿Cómo encuentran la idea de
financiarnos y nosotros les damos el proyecto a ustedes? Paguen
nuestros sueldos y nosotros trabajamos para ustedes. Ellos
dijeron: No.
“Entonces
nos fuimos hasta la Hewlett Packard y ellos dijeron: ¡Miren,
nosotros no necesitamos de un par de mocosos que ni siquiera
han salido de la Universidad!”. Firman: Steve Jobs e
Steve Wozniak, intentando interesar a Atari y HP en la producción
de un aparato extraño que ellos habían inventado
en el garage de su casa, la Computadora Personal. Todo esto
transcurría en 1976.
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