Moraleja:
“No pidas a quien pidió, ni sirvas a quién
sirvió”.
Pues
esto es, ni más ni menos, lo que ocurre a muchos
profesionales cuando les llega el turno del codiciado ascenso.
¿Qué
caracteriza a este tipo de profesionales?
1º.
Amnesia total a corto plazo. No se acuerdan en
absoluto de lo que eran hace unos días. Reniegan
de su existencia anterior como si de un gran pecado fuese.
Los galones de “Capitán General” de la
organización son como el Red Bull “que da alas”.
Parece que nunca han tenido una experiencia laboral anterior
en esta organización que ha marcado su paso.
2º.
Menosprecio por sus anteriores congéneres.
Llamaremos así a los antiguos compañeros que
compartían el mismo nivel de responsabilidad. Son
poco menos que “chusma”. Aunque sólo
haya un peldaño en el escalafón jerárquico,
sus antiguos compañeros son unos “apestados”.
3º.
Elevación del ego a la máxima expresión.
Ven su ascenso como un justipremio que les sirve de salvoconducto
para hacer lo que quieran, porque consideran que siempre
lo van a hacer bien. La autocrítica y la incapacidad
ante algún problema no es posible para ellos.
4º.
Atesoran unos conocimientos fuera de lo normal.
Es decir, aunque sea el primer día en el nuevo puesto,
parece que han nacido para desempeñarlo, porque no
sé cómo, pero saben perfectamente desarrollar
su cometido sin errores. No admiten consejos, por algo son
los “Capitanes Generales”.
5º.
O conmigo o contra mí. Adoptan una actitud
de dualidad total. O estás conmigo y me das la razón
en todo, o resulta que eres un envidioso porque yo he ascendido
y tú no, por eso me críticas.
¿A
qué nos conduce todo esto?
A
la aparición de los jefes, y no
de verdaderos líderes.
El
jefe amedranta al subordinado, lo menosprecia
y no le tiene en cuenta sus posibles opiniones, por decir
de alguna forma concreta, lo “ningunea”.
El
líder busca en todo momento el respeto
de sus antiguos compañeros, no el miedo. Busca la
colaboración y las opiniones de todos, más
que la toma de decisiones unilaterales basadas exclusivamente
en los “galones”.
El
jefe pasa de tener compañeros, con
inquietudes, necesidades y motivaciones, a ver recursos
que debe utilizar para conseguir sus propios objetivos.
El
líder pasa a tener colaboradores,
asesores a los que escucha y respeta, generando un fuerte
nexo de respeto mutuo, sabe delegar tareas y responsabilidades,
todo en aras de la consecución de los objetivos del
grupo que lidera, no de los suyos exclusivamente.
Con
esto no digo que todo el mundo opte por una postura o por
la otra cuando es ascendido. Estos serían los casos
extremos ya que, como todo en esta vida, existen diferentes
grados de actuación entre un caso y el otro.