El
ejercicio de dirigir, de dar rumbo a las personas y proyectos,
es aprendido cada día. Quien educa es capaz de hacer
aflorar en el equipo lo mejor que pueden poseer sus componentes.
Pero
a pesar de todo, es común que los ejecutivos se irriten
con su equipo en el día a día. Muchos reclaman
que ningún integrante ofrece una idea o toma cualquier
tipo de iniciativa.
Para
explicar un poco el comportamiento de un equipo, hago una
comparación con el elefante de circo que se maneja
amarrado a un pequeño tronco. El es capaz de arrancar
un árbol y, si quisiese, podría desprenderse
fácilmente de la estaca y huir. Pero no hace eso. El
fue adiestrado desde pequeño, cuando el madero que
lo ataba representaba un obstáculo real. Eso mismo
también sucede con las personas.
Muchos
creen que no pueden realizar una serie de cosas, y por eso
no lo consiguen. La única manera para hacer que las
cosas sucedan es tratar, errando y acertando, cometiendo errores,
pero haciendo, con coraje, fe, determinación y mucho
apoyo.
¿Por
qué cometer los mismos errores, si hay tantos errores
por cometer?
Ese
apoyo debería venir especialmente del ejecutivo a cargo
del equipo, estimulando a las personas a vencer obstáculos
y superar límites.
Para
eso es necesario confiar y delegar. Si usted continúa
dando el pez en vez de enseñar a pescar, esto es, si
usted continúa haciendo las cosas por otros y tomando
decisiones por ellos, está entonces creando un bando
de débiles.
Un
empresario me dijo una vez: “Somos buenos con la raqueta,
pero creo que estamos en el juego errado”. Mucha gente
se concentra en lo negativo. Hay jefes que solo conversan
dos veces con sus funcionarios: cuando los contratan y cuando
los despiden. Hay jefes y ejecutivos que se apasionan por
las máquinas y ni siquiera saben los nombres de quien
las hace funcionar.
Es
difícil desarrollar confianza cuando no existe diálogo.
Es necesario crear la alianza que requiere esta relación.
Muchas personas cuestionan en relación al sigilo de
informaciones que no se comunican a todos. El colaborador
debe ser tratado como tal. Si usted miente o esconde el juego,
no está tratando al otro como un aliado y, por lo tanto,
no espere compromiso por parte de él. No se debe trapear
con sus colaboradores.
Es
necesario crear una relación de confianza, un ambiente
de camaradería en que nadie piense que el otro le va
a quitar el apoyo. Eso debe comenzar por los eventuales liderazgos
que se puedan generar, en un mundo donde hay muchos jefes,
encargados, gerentes, organizadores, pero casi ningún
LIDER.
Es
necesario tener una visión humanista que concilie bienestar
con buenos resultados. Pensar en una empresa como mero sistema
de información es lo mismo que pensar que un elefante
es apenas su trompa.
Todos
queremos buenos resultados, pero es necesario considerar quién
produce esos resultados, o sea personas que componen el equipo,
que trabajan orientados para el objetivo común.
Por
eso es necesario incentivar el diálogo, la autonomía
en la toma de decisiones, la discusión sana en torno
a las divergencias y no apenas en la convergencia.
Al
final, es en las divergencias donde surgen las mejores ideas.
Todo eso crea condiciones que naturalmente envuelven y comprometen
a todos. Solo así usted será un verdadero líder
y llevará a su equipo a alcanzar los resultados esperados.
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