La
Programación Neuro Lingüística ha contribuido
mucho en lo que a motivación se refiere. Para
quienes han trabajado largo tiempo con personal a cargo, aparece
como una “revelación”, porque finalmente
consiguen comprender por qué ciertos elementos motivadores
funcionaban con algunas personas pero no con otras. Incluso,
aquello que para el mismo jefe es un incentivo, no parece
actuar del mismo modo con su personal. En este punto, la PNL
acerca numerosas respuestas.
¿Qué
es la PNL? En esencia, un resultado estadístico. Bandler
y Grinder, partiendo de la observación, determinaron
la existencia de ciertos patrones de conducta humanos que,
al ser detectados, me permiten saber cómo ajustarme
a esa persona, comprender cómo piensa y actúa
y, en base a eso, modificar mi manera de comunicarme con ella
para ser efectivamente comprendido. Esto es PNL aplicado a
la interrelación, ya que existen diversas formas de
aprovecharla. La sugerencia es: no cambiemos a las personas
sino los procesos.
En
relación con lo que motiva a la gente, la PNL observa
que existen “metaprogramas” que subyacen a cada
personalidad y hacen que los individuos se movilicen de acuerdo
a patrones, lo que los vuelve previsibles. Y a la hora de
mejorar los resultados en términos conductivos, esto
es algo muy valioso para ambas partes.
Así,
determinando cuál es el metaprograma de un sujeto puedo
saber qué lo motivaría a él y trabajar
en función de esto, economizando esfuerzos innecesarios
o incluso despidos.
Por
ejemplo: hay personas opciones y
personas procedimientos. Los primeros
se encuentran motivados cuando su trabajo, o sus jefes, permiten
diferentes caminos para resolver una tarea. Son personas creativas
que necesitan variar la modalidad de trabajo para no
desmotivarse. Los segundos se oponen a esta tendencia: para
estar motivados, necesitan que las directivas sean claras
y unidireccionales, aceptando incluso el método específico
para realizar la tarea. Son aquellos empleados que se encuentran
más a gusto cuando conocen el objetivo y cómo
alcanzarlo, pero se confunden cuando tienen varias opciones
para hacer lo mismo y deben optar ellos mismos por la mejor.
Otro
par de opuestos: proactivo–reactivo.
El proactivo es quien siempre tiene nuevas ideas para llevar
a cabo y necesita que se pongan en práctica “ahora”;
tiende a liderar a su equipo y se lo ve un paso adelante de
sus compañeros. Se desmotiva frente a las insistentes
críticas a sus ideas. El reactivo, antes de iniciar
un proyecto (propio o ajeno) necesita tomar todos los recaudos
necesarios, por lo que deberá detenerse un tiempo para
“estudiar” las posibilidades de que la idea fracase
o tenga éxito (¡en ese orden!). Por esta razón
busca abundante información al respecto, lo que demora
ampliamente su realización. Ninguna de estas posiciones
es en sí misma buena o mala, mejor o peor. De hecho,
ambos se complementan y en dosis justas de participación,
hacen su buen aporte en cualquier grupo de trabajo.
O
bien los hacia–alejado de.
Particularmente he pasado largas horas intentando motivar
a personas colocándoles por delante estupendos objetivos
a cumplir y mostrándoles lo bien que estarían
si los conseguieran. Y todo fue en vano. Muchos años
después descubrí en este par de metaprogramas
la razón.
Veamos,
hay empleados que no se entusiasman cuando se trata de conseguir
un objetivo: hacer carrera en una empresa, por ejemplo. Pero
se hacen fuertes y exponen lo mejor de sí cuando de
salir de un problema se trata o de colaborar con el grupo
al que pertenecen. Estos son los “alejado de...”.
Suelen funcionar mejor cuando sus jefes los amenazan. Algunos
los llaman “hijos del rigor”. En cambio, el “hacia”
se torna activo, inspirado e incentivado cuando hay algo que
conquistar: “Este mes la fábrica debe conseguir
x producción...”. Y allí sale lo mejor
de estos sujetos. Son quienes hacen carrera en las corporaciones
porque están constantemente colocándose metas
o respondiendo a las que les imponen.
En
síntesis, reitero lo que en otros artículos
y en mis cursos suelo mencionar: no existe una manera de motivar
al personal de toda la empresa, sino que los objetivos deben
ser ajustados a cada grupo y/o persona de acuerdo con sus
características. Y la PNL ha facilitado enormemente
esta tarea para el conductor.
No
existe otro modo de conducción: el líder de
equipo tiene una sóla labor prioritaria y verdaderamente
importante: su gente.
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