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Al
parecer, el cliente se parece más a un espejo retrovisor
que nos muestra el camino recorrido, que a un guía
que nos muestra el futuro. Si usted es de los que han creído
que al cliente hay que ponerlo en un trono y rendirle verdadero
culto, podrá observar en la práctica que esta
fórmula de negocios no es la que necesita su empresa.
La verdadera orientación al cliente no consiste en
eso, pues rindiendo culto sólo se genera una cultura
de servilismo, y no una cultura donde el servicio sea de real
valor. En este siglo 21, con el servilismo sólo se
obtienen beneficios cortoplacistas y avances en los ingresos
inmediatos. Pero cuando usted ofrece un genuino valor de cliente,
su negocio tiene la posibilidad de desarrollarse cuánticamente.
Bien,
usted se preguntará entonces, ¿qué es
lo que da y produce realmente valor? ... ¡Ahá!,
de eso trata, de preguntarnos continuamente y despertar nuestra
creatividad.
Veamos.
Hoy en día es muy difícil que una empresa tenga
éxito basándose en la atención al cliente
desde un enfoque servil, pues en un mundo lleno de cambios
constantes ninguna persona (ni sus clientes, ni usted mismo),
puede anticipar con certeza los próximos grandes acontecimientos
del mercado. ¿Quién tiene una bola de cristal
que prediga el futuro? En el mundo real, nadie.
Atención
al cliente implica algo mucho allá que brindar respuestas
ante ciertos requerimientos, ya que eso sería moverse
de manera reactiva y no proactiva (preventiva). Por eso, creemos
que las empresas debieran guiarse cada vez más por
sentidos humanos como la intuición, y por el valor
que tienen en sí las nuevas ideas, y luego, tal vez,
testear en el mercado qué opinan los clientes de esa
nueva idea.
La
riqueza ahora, en este nuevo paradigma, proviene directamente
de la innovación y la creatividad, más que de
la optimización continua de un mismo producto o servicio.
Vale decir, no se obtiene riqueza dedicándose sólo
al perfeccionamiento de lo que se conoce, pero sí actuando
y aprendiendo de manera rápida, audaz y eficiente (aunque
sea de manera imperfecta) frente a lo desconocido.
En
un mundo de cambios vertiginosos, las nuevas ideas debieran
orientar a las empresas que buscan verdadero valor, por sobre
la búsqueda de la satisfacción inmediatista
de clientes requirientes.
La
idea, entonces, no es sólo satisfacer el cliente, sino
sorprenderlo.
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