| |
Generalmente
se les pregunta a los niños: “¿Qué
quieren ser cuando grandes?”, y esperamos respuestas
vinculadas a su futura vida profesional. Quizás
por eso, cuando nos preguntan “¿quién
es usted?”, lo más probable es que nosotros
respondamos desde nuestra perspectiva laboral: cargo,
empresa, profesión, etc., olvidando el resto
de dimensiones que forman nuestro Yo. Después
de todo, nuestro trabajo es un subsistema de nuestro
sistema personal, que indudablemente nos ayuda a generar
nuestra propia identidad personal, sirviendo de pilar
a nuestra personalidad y a nuestro propio ser. Por tanto,
tratamos de entregar todo de nosotros mismos en el trabajo,
a fin de responder adecuadamente al medio, y cuando
sentimos que no logramos cumplir con aquello, y que
estamos arriesgando nuestra empresa, nuestro cargo,
nuestras relaciones, nuestro prestigio y nuestro status,
caemos en enfermedades laborales propias del trabajador.
Una
de ellas implica no sentir que somos capaces de hacer
todo lo que el medio nos exige, lo que comúnmente
se denomina stress. Algo de stress es bueno, ya que
nos hace levantarnos por la mañana, ir a nuestra
empresa, etc., pero en exceso termina por absorbernos,
ya que nos genera ansiedad. Algunos con stress pueden
no reaccionar y quedarse paralizados, otros evaden la
situación compleja sin solucionarla, y por último,
un grupo importante lucha trabajando, a fin de responder
al medio sintiéndose como malabaristas con un
aro o pelota adicional a las que pueden hacer girar.
Es
entonces cuando hacemos de la vida una vida laboral.
Hacemos del trabajo una adicción. El “workaholism”
es un concepto que fusiona dos términos: work
(trabajo) y alcoholism (alcoholismo). Esta anomalía
consiste en embriagarse de trabajo, desear trabajar
a todas horas, cuantas más mejor y, ayudado por
las nuevas tecnologías, en todas partes. Compartimos
con nuestra familia mientras respondemos e-mails, o
paseamos con ellos hablando con la empresa a través
de nuestro celular. Muchas veces ni siquiera es un trabajo
altamente productivo, sino que en ocasiones es trabajar
arduamente en cosas sin la importancia que éstas
requieren, como correr en una rueda de hámster.
Es
que en la medida en que nuestra sociedad transite desde
una economía manufacturera a una de servicios,
la prevención de riesgos laborales deberá
enfocarse más en los riesgos psicológicos
que en los físicos, en la higiene mental del
trabajador. Asumir que la vida es única y exclusivamente
laboral, es renunciar a nuestras propias vidas. Y con
ello renunciamos a la razón por la cual laboramos,
por lo cual pierde sentido el trabajo. El trabajo es
sólo la estrategia para llegar a un objetivo,
pero no es el objetivo en sí mismo, por muy entretenido
y desafiante que éste sea.
Buscar
el equilibrio en lo que somos, es permitirnos existir
en plenitud. Sólo ver la vida como trabajo, es
ignorar que los segundos avanzan hacia un mañana,
que mira con desdén y recelo aquello que no hicimos
por el presente, como el pasado ciertamente mereció.
Quizás podríamos empezar por dejar de
preguntar a nuestros niños “¿qué
quieres ser cuando seas grande?”, y preguntarles
mejor “¿qué quieres
hacer conmigo hoy?”.
|
|
| |
Piero
Moltedo Perfetti
es MBA (Master en Administración de Empresas), Universidad Carlos III
de Madrid, España. Master en Marketing, IEDE, de Madrid, España.
Ingeniero Comercial, Licenciado en Ciencias en la Administración de
Empresas, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile.
Diplomas en Marketing Estratégico, Kellogg`s Northwestern University,
USA; en Alta Dirección Internacional de Empresas, Universidad Adolfo
Ibáñez, Chile; y en E-learning, Universidad de Sevilla, España.
Premios: Mc Graw Hill Chile al mejor postgraduado en Marketing 1998; Mejor
Profesor MBA 2003, EAE, España. www.pieromoltedo.cl
|
|