La
velocidad está mudando, las viejas reglas de
administración ya no están funcionando.
Esas que nos enseñaron en la universidad como
leyes inamovibles.
Un
colega me devolvió un llamado y me dijo que estaba
muy ocupado preparando el Plan Estratégico 2008-2015.
Un análisis cuidadoso revela que hacer proyectos
al estilo cartesiano ya no funciona, porque no se respeta
la naturaleza humana, sobre todo la intuición,
definida como la toma de decisiones con poca información.
Todavía
se usa el “wishful thinking”, o pensamiento
positivo, en los presupuestos y proyectos, que tratan
de racionalizar la inseguridad de los mercados. Exploran
el pasado, le embuten algunas mejoras, los corrigen
monetariamente y apaciguan las preocupaciones generando
promesas de días mejores.
¿O
alguien ya vio un plan quinquenal que proyectase un
aumento de 5% en el primer año, una caída
de 11% en el segundo, otra caída de 17% en el
tercero y una cuarta de otros 3% de caída, y
la fusión de la empresa con la competencia el
quinto? ¿No es esto lo que se parece más
a la realidad?
Me
hubiese encantado haber visto el plan estratégico
de la centenaria Warner, dueña de la CNN, dos
meses antes de ser adquirida por AOL, que no existía
algunos años antes.
Esto
sin hablar en los planes de negocios o business plans
de Internet, la caricatura de ese pensamiento liviano.
Nunca vi uno cuyos números no sean fantasiosos.
El
raciocinio cartesiano es el mismo. Mercado de x millones,
de los cuales 20% van a comprar por Internet, y de los
cuales 5% me van a comprar a mí. Entonces eso
me da 20 millones diarios, etc., etc. Parece todo muy
redondo, pero las cosas son bien diferentes en esta
era del conocimiento.
Para
qué hablar de los recetarios en administración
de personal, con descripciones de funciones, cuando
las organizaciones ahora cambian a cada momento, o evaluaciones
de desempeño en organizaciones que requieren
evaluarse diariamente.
Otro
resabio de la era cartesiana son los organigramas creados
por el ejército prusiano en 1720 y que ahora
nada tienen que hacer en organizaciones multifuncionales
que mudan permanentemente. Ahora los organigramas se
hacen con papel y disponiendo de una goma. A medida
que se hacen se van borrando, ya que cambian a cada
momento. También hay que contar con las reglas
contables que registran los bienes tangibles y dejan
sin registrar los valores intelectuales, que son los
que producen el ingreso y las ganancias.
A
nivel personal están además los currículos,
cuyo modelo viene de los años 20, cuando los
ingleses lo introdujeron, con muy pocas modificaciones,
transformándose en la mayor pieza de museo. Todavía
no consideran los logros y resultados como la primera
información que deben contener. Aún se
centran en la experiencia y en la antigüedad en
los cargos.
Otro
factor importante es el cambio que existe entre los
especialistas, centrados en un tema vs. la mirada holística
y generalista que tienen los que realmente están
produciendo los cambios en el mundo. Se está
acabando esa frase tradicional “¿cuál
es tu especialidad?” vs. “¿cuál
es tu portafolio de habilidades para transarlas en el
mercado abierto?”.
Especialista
es aquel que sabe mucho sobre poco. Continúa
sabiendo cada vez más sobre cada vez menos. Hasta
que sabe todo sobre muy poco.
Especialista
es aquel cuya especialidad termina y el no lo percibe.
Sin
embargo, todas estas herramientas de la era fabril aún
se practican en la mayoría de las empresas y
se enseñan en las universidades como si nada
pasara.
Como
para pensarlo.
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