Los
cambios en la vida laboral nos enfrentan a situaciones
complejas, no sólo desde un punto de vista objetivo,
sino también (y especialmente) en el plano de
nuestras fantasías y temores. Entre ambos existe
una línea muy sutil y generalmente es difícil
tomar distancia y darse cuenta cuáles son las
amenazas objetivas y cuáles no. Y sobre todo,
cuáles son las oportunidades que se abren cada
vez que enfrentamos una nueva etapa.
Todo
cambio provoca incertidumbre, miedo y una cantidad de
interrogantes. En el caso del trabajo, el impacto es
mayor aún cuando el cambio ha sido involuntario,
lo cual generalmente implica que la persona afectada
no ha podido prepararse para esa situación. Sin
embargo, sería útil que nos acostumbremos
a la idea de que esos cambios pueden producirse en cualquier
momento. Estar preparados para los cambios en la vida
laboral es algo que nos convendría hacer, ya
que aunque nos resulte desagradable, es un hecho que
el mundo laboral ha cambiado drásticamente y
seguirá cambiando.
Hasta
hace pocos años, los selectores de personal veíamos
la alta rotación laboral como un indicador de
"falencias" en la persona: falta de madurez,
irresponsabilidad. Hoy, en cambio, sería absurdo
e injusto realizar un análisis tan simplista,
ya que la alta rotación es más una característica
del mercado laboral que una elección de los trabajadores.
Resulta
evidente que la falta de estabilidad laboral y consecuentemente
los cambios que debemos enfrentar con creciente frecuencia,
son un hecho a nivel global. Frente a este hecho, podemos
pensar que es una desgracia estar viviendo en esta época,
o podemos pensar que ésta nos ofrece interesantes
desafíos y la oportunidad de utilizar más
que nunca, algo tan humano como nuestra creatividad.
Personalmente
no creo en los puntos de vista absolutos. Pienso que
es normal pasar por diferentes estados de ánimo
y tener puntos de vista múltiples y hasta contradictorios.
Quienes creen que lo saben todo y no se replantean cuestiones
fundamentales, suelen ser los que finalmente más
padecen cuando deben enfrentarse al hecho irrefutable
de que el cubo no entra en el orificio circular. Pueden
hacer berrinche como niños, pero la realidad
se impone. Por eso, me parece lógico aceptar
que los seres humanos reaccionamos de diferente modo
frente al cambio laboral, que una misma persona experimenta
diversas sensaciones cuando está en esa situación
y que estamos todos aprendiendo cómo manejarnos
y qué hacer con los obstáculos que nos
ha tocado enfrentar.
Pese
a todo, es bastante común que las personas adultas
intentemos mantenernos alejados de la sensación
de inseguridad. Y aunque las evidencias demuestren lo
contrario, solemos aferrarnos a creencias y conceptos
que ya han cambiado. Como sucede en tantos otros aspectos
de la vida, solemos pensar que no nos va a tocar a nosotros.
Vemos cómo la desocupación aumenta, cómo
las empresas se achican, pero intentamos abstraernos
de esa realidad hasta que un día nos golpea.
No
terminamos de estar preparados para el cambio laboral
y cuando finalmente debemos enfrentarlo, el mundo parece
desmoronarse. En esos momentos, un modo frecuente de
seguir negando la complejidad de la realidad es simplificar
todo y enrolarnos en el bando de los "super positivos"
o de los "hiper negativos". Así es
como escuchamos decir a algunos que está "todo
OK!" y a los otros que "todo va de mal en
peor!".
Kieslowsky,
el director de cine, decía en un reportaje que
le llamaba la atención el estilo "exitista"
de ciertos americanos del Norte que, ante la pregunta:
"¿cómo estás?, enfatizaban:
"super bien!". El, en cambio –decía–
prefería responder: "I'm so so".
Hay
mucha "literatura gerencial" que sugiere a
quienes enfrentan cambios laborales "armar"
una imagen de éxito que resulte más "vendedora".
Es verdad que en general tendemos a manejarnos con estereotipos,
y en función de ello la imagen que alguien nos
da juega un papel importante en nuestras decisiones
sobre esa persona, pero nuevamente se trata de un enfoque
simplista. ¿Por qué negar que el cambio
laboral nos atemoriza? Que la situación general
del mundo nos preocupa. Que la incertidumbre nos agota
¿Por qué pretender ser una especie de
Rambo o Terminator buscando trabajo cuando somos simplemente
gente?
Ni
el super hombre ni el pobre desvalido, sencillamente
personas que enfrentan con madurez los problemas de
su época.
Negar,
y negar-nos, las sensaciones que nos invaden frente
a la incertidumbre del cambio laboral, nos aleja de
lo mejor que tenemos a la hora de ponernos a trabajar:
nuestra humanidad. Es extraño que muchos profesionales
especializados en Recursos Humanos no se den cuenta
de esto y fomenten la farsa de la imagen ganadora y
el exitismo.
Si
nuestra sociedad (es decir, nosotros) no logra aceptar
con madurez que estamos frente a un cambio profundo
en el mundo laboral y no apelamos a la solidaridad,
al trabajo conjunto, a la creatividad; si no hablamos
de lo que nos pasa y de lo que nos da miedo; si nos
vamos a los extremos y nos sumamos a cuanta farsa se
nos propone; difícilmente podamos crecer y quedaremos
como niños berreando porque el mundo no es como
nos contaron. Si así sucede, por más que
intentemos proyectar imagen ganadora, seremos todos
perdedores.
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