Nos
llaman poderosamente la atención, en el último
año, las advertencias espontáneas y coincidentes
que nos formulan los ejecutivos de empresas al inicio
de las reuniones en que nos juntamos para contarles
lo que hacemos. Apenas intercambiamos tarjetas, surge
de parte de alguno de ellos una expresión como
la siguiente:
–
Conversemos… pero comprenderán que por
la crisis tenemos todo puesto en “stand by”.
¿OK?
Nosotros
escuchamos esa advertencia como una oportunidad para
mostrar las limitaciones que se autoimponen ejecutivos
talentosos de diferentes empresas, culturas y países,
para abordar lo nuevo.
Así
como con nuestros ojos podemos mirar a los demás
pero no podemos vernos a nosotros mismos, los comentarios
iniciales como el del ejemplo nos hacen creer que describimos
una situación que “hace invisible”
al que la describe. En este sentido, vemos que resulta
muy fértil para nuestros interlocutores de las
reuniones distinguir la emocionalidad de trasfondo con
la que tiñen la perspectiva desde la que articulan
esta advertencia, como si tuvieran anteojos de sol,
que al poco tiempo de utilizarlos, nos olvidamos que
los tenemos puestos.
Reflexionemos
por un momento sobre la emocionalidad.
Toda
emocionalidad gatilla una cierta disposición
para la acción y no otra. Por ejemplo, cuando
estamos en la emocionalidad de la alegría nos
disponemos para compartir, y cuando caemos en la emocionalidad
de la rabia nos disponemos para castigar.
Cuando
estamos con la predisposición para huir de la
amenaza de una posible pérdida que pudiéramos
sufrir en el futuro cercano, estaremos haciendo referencia
al miedo o a la angustia, según identifiquemos
lo que podemos perder (ejemplo: el empleo o el cariño
de un ser querido) o no. Si podemos hacerlo, hablaremos
de miedo, y si no, de angustia.
Es
justamente la posibilidad de identificar los trasfondos
emocionales desde donde las personas y las organizaciones
perciben, lo que nos permite desafiar, ya no la crisis,
sino la manera en que las personas y las compañías
la viven.
Comprender
significa que nos damos cuenta lo que les preocupa a
los ejecutivos cuando formulan la advertencia, y a la
vez consideramos fundamental reconocer las limitaciones
que se autoimponen al formularla. Desde la vivencia
del sentirse amenazados por una posible pérdida,
es comprensible que las personas y las empresas quieran
“poner todo en stand by”. Ahora bien, esto
no significa que sea lo mejor para la empresa, sino
que es lo mejor que creen poder hacer dada la emocionalidad
de miedo o angustia desde la que se predisponen para
la acción.
Sin
ir mucho más lejos, podemos coincidir en que
es diferente decir “por la crisis tenemos todo
puesto en stand by” a reconocer que “ponemos
todo en stand by porque reconocemos que nuestra mirada
está en crisis”.
Esta
última manera, que abre la posibilidad de hacer
algo mejor, es la que observamos que muchos ejecutivos
y compañías no tienen disponible en algunos
momentos, en los cuales, poder expandir su mirada y
recontextuar ciertos escenarios nuevos sería
muy útil para ellos.
El
punto es que para hacerlo necesitarán de nuevas
perspectivas emocionales desde donde percibirse y percibir
la gestión para contratar con lógicas
que hoy no disponen ni se les ocurre posible siquiera.
Confiamos
que esta reflexión contribuirá para que
las compañías y sus ejecutivos puedan
abrirse a nuevas y mejores oportunidades.
Ojala
resulte así.
Cuando
soplan fuertes vientos de cambio
algunos huyen a lugares donde resguardarse
y otros construyen molinos para liderar el futuro inmediato. |