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Se
incentiva y se le da mucha importancia al ya famoso
espíritu emprendedor, que viene del vocablo francés
“entrepreneur” para denominar a los nuevos
empresarios, a las personas que crean una nueva empresa.
El uso más antiguo de este término se
registra en la historia francesa en el siglo XVII y
hacía referencia a personas que se comprometían
a conducir expediciones militares.
Se
hacen congresos y en muchas universidades, especialmente
en las escuelas de negocios y carreras de administración
y se postula, casi como un objetivo, el que sus egresados
creen sus propias empresas (produciendo a veces, por
esta misma razón, profesionales frustrados).
Instituciones gubernamentales y fundaciones promueven
esta actividad como la solución a muchos problemas
económicos del país.
Pero
de acuerdo a estudios y a manera de ejemplo, de diez
empresas que se crean en Chile (uno de los países
más destacados en América Latina en este
campo), aproximadamente 6 se acaban a los cinco años,
20 por ciento termina al primer año, 17 por ciento
al segundo, 13 por ciento al tercero y 11 por ciento
de las que quedan, al cuarto... En Colombia, al cuarto
año, de 10 empresas fundadas, sólo 2 celebran
el quinto aniversario.
En
el Global Entrepreneurship Monitor 2002, realizado en
37 países que representan el 92 por ciento del
PBI mundial, se destaca que el “índice
empresarial total” (porcentaje de emprendedores
por 100 personas entre 18 y 64 años), varía
desde menos del 2 por ciento en Japón a más
del 18 por ciento en la india y Tailandia. Sin embargo,
según dice el informe, se espera que menos del
10 por ciento de esas empresas utilicen nuevas tecnologías,
creen trabajos, nuevos mercados o exporten.
Sin
duda el crear empresas es algo importante, especialmente
como forma de generar empleo. Sin embargo, ese espíritu
emprendedor es necesario y fundamental también
en otros ámbitos. En efecto, a menudo se piensa
que el espíritu emprendedor se refiere sólo
a la creación y puesta en marcha de nuevas empresas,
siendo que hay diferentes clases de actividad emprendedora
y que este transformador y su espíritu, pueden
ser puestos de manifiesto dentro o fuera de un contexto
organizacional dado previamente.
Hay
quienes crean empresas, pero hay quienes las transforman
o mejoran. Por ello, se ha definido la actividad emprendedora
como la gestión del cambio radical y discontinuo,
o renovación estratégica, sin importar
si esta renovación estratégica ocurre
dentro o fuera de organizaciones existentes, y sin importar
si esta renovación da lugar o no a la creación
de una nueva entidad de negocio.
Desde
ese punto de vista, podemos tener dos tipos de personas,
ambas fundamentales para impulsar la ineludible innovación:
- El
Intrapreneur: que es el empresario dentro
de la empresa, que asume la responsabilidad activa
de producir cualquier tipo de innovación dentro
de la compañía; el que introduce y produce
nuevos productos, procesos y servicios, que le permiten
a una empresa crecer y beneficiarse.
- El
Entrepreneur: que es el empresario independiente
que busca crear empresas y desempeña el mismo
papel que el anterior, pero fuera de las organizaciones.
Pero,
como decíamos, el entrepreneur se asocia con
frecuencia sólo como una persona que inicia su
propio negocio; pero incluso no todo negocio es innovador.
Si una persona abre una tienda de comestibles tradicional,
¿es un emprendedor? Se arriesga, es cierto, pero
no desarrolla nada realmente nuevo. Diferente sería
el caso de McDonald, que tampoco inventó nada,
pero mediante la aplicación de conceptos de administración,
marketing y producción, crea una nueva forma
de comercialización. Ese sería el caso
de un empresario innovador.
Por
otra parte, incluso esa tienda de comestibles, al cabo
de los años, puede innovarse, al igual que una
gran empresa puede ser innovadora, en cualquier campo,
incluyendo empresas fabriles, universidades u hospitales.
En ese caso estaríamos hablando del innovador
interno (ejecutivos o empleados).
Así
lo cree Peter Drucker, quien con su gran claridad expresa:
el empresario innovador se basa en los mismos principios,
aunque el empresario sea una gran institución
o un individuo que comienza solo su empresa arriesgada.
Hace poca o ninguna diferencia que la empresa sea comercial
o una organización de servicios públicos;
ni siquiera si la empresa es gubernamental o no. Las
reglas son casi exactamente las mismas; lo que sirve
y lo que no sirve, las clases de innovación y
dónde buscarlas. Hay una disciplina que podíamos
llamar gerencia empresarial innovadora, teniendo claro
que en cualquier puesto se puede ser un líder
innovador o un burócrata, ya sea en empresas
de bienes o servicios, públicas o privadas.
En
consecuencia, el desarrollo económico del país
requiere de personas emprendedoras, tanto al interior
de todo tipo de organizaciones, públicas o privadas,
capaces de cambiar y mejorar productos, procesos, métodos
o sistemas para hacer crecer a las empresas, como personas
con espíritu empresarial que creen sus propias
empresas, para plasmar sus visiones y generar empleo
y progreso.
En
consecuencia, ¿qué es ser emprendedor?
Es una persona que ayuda a identificar y desarrollar
ideas, orientando y liderando el proceso mediante el
cual éstas se transforman en innovaciones, ya
sea en empresas establecidas o nuevas.
Desde
el punto de vista personal, ser emprendedor puede ser:
- Una
forma de vida
- Una
opción de desarrollo profesional
- Una
alternativa de realización personal
- Una
modo de obtener mayores ingresos
- Una
manera de poner a prueba la capacidad de trabajar,
de competir, de innovar, de ganar, de lograr objetivos
y sueños
- Una
forma de progresar y aportar al país
- Una
posibilidad de destacarse, de alcanzar un estatus,
generando empleo y desarrollo económico y social
En
conclusión, el país necesita emprendedores,
pero no sólo para crear empresas, sino para innovar
en las establecidas, haciéndolas más productivas
y competitivas para los nuevos escenarios políticos
y económicos. Para ello debemos desarrollar habilidades
y competencias destinadas a fomentar la creatividad,
la innovación, la iniciativa, la motivación
y el coraje necesarios para promover y provocar mejoras,
cambios y progreso, promoviendo con eso una actitud
diferente en el pensar, sentir y actuar de todo tipo
de ejecutivos, empresarios y empleados.
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