La
posibilidad de comunicarnos mediante el habla es una
de las características que nos definen como seres
humanos. Desde pequeños aprendemos a comunicarnos
mediante palabras y a expresar nuestros gustos, disconformidades,
anhelos, en suma, nuestra forma de ver y pensar el mundo.
Así
como el habla nos define desde nuestra más temprana
edad, la posibilidad de expresarse y ser escuchados
en todos los ámbitos de desenvolvimiento es una
motivación para las personas. Y la empresa es
uno de esos ámbitos.
Pero
¿cuántas veces sabemos escuchar realmente
a los demás? ¿En cuántas oportunidades
somos conscientes de la necesidad que tiene el otro
de hablar y ser escuchado? ¿Cuántas veces
nos aseguramos de comprender, antes de ser comprendidos?
En
general, predomina la tendencia de querer exponer nuestras
propias razones y olvidamos que nuestros interlocutores
también las tienen. La escucha empática
propone ponerse en el lugar de la otra persona, intentar
ver la realidad desde el marco de referencia de ésta,
evitando teñir toda la comunicación con
nuestras propias apreciaciones y preconceptos.
En
las empresas, el tema de la escucha adquiere una particular
importancia. ¡Cuántas personas autocensuran
la posibilidad de expresarse libremente y dejan de proponer
ideas brillantes por temor a no ser escuchadas! ¡Cuántos
conflictos existen entre departamentos por no compartir
información y no escuchar lo que el otro tiene
para decir!
En
estos tiempos en que “lo único constante
es el cambio”, y cuando la incertidumbre tiene
connotación negativa, es común que las
personas se aferren a conceptos o comportamientos conservadores
porque se sienten menos vulnerables que enfrentando
los cambios. El concepto de cambio genera dudas, resistencia,
desconfianza. En este sentido, la escucha empática
es de gran ayuda cuando deseamos que las otras personas
se sientan motivadas a realizar un aporte y adoptar
comportamientos proactivos.
Una
de las primeras cosas que deben autocuestionarse las
empresas en su búsqueda por lograr la participación
y el consenso de los empleados, es qué lugar
se les está concediendo a los colaboradores para
sumarse al cambio. Sólo cuando una persona se
siente parte de un proyecto (en este caso, el proyecto
empresarial), será capaz de comprometerse y dar
lo mejor de sí misma.
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