“Innovación”
es una palabra conocida en el mundo de las organizaciones.
Tiene que ver con la creación de lo nuevo, la
introducción de una novedad en algo que ya existe
(un producto, por ejemplo), incorporando una nueva dimensión
o algún detalle que modifique su funcionalidad,
su apariencia o su utilidad. Es frecuente asociar la
innovación con la invención y el patentamiento
de nuevos objetos.
Pero,
¿son lo mismo?
Las
invenciones son ideas, hechos y objetos que, cuando
aparecen, proporcionan a la gente cambios importantes
en sus vidas. No debemos menospreciar a los inventos.
Son maravillas creadas por la genialidad y la capacidad
de llevar adelante un proyecto.
Sin
embargo, cuando hablamos de innovación, no nos
referimos únicamente a cosas u objetos.
Es
fundamental saber distinguir entre innovación
e invención, especialmente cuando esta última
se refiere a máquinas, procesos mecanizados y
materiales. Es decir, algo mensurable, mecánico
y repetitivo.
No
obstante, cuando hablamos de innovación, esperamos
que la novedad se produzca también en el contexto
de las relaciones interpersonales, los procesos de organización,
así como los conceptos y valores que rigen el
mundo de los negocios.
La
innovación no siempre puede traducirse en máquinas,
procesos mecanizados de trabajo o tecnologías
industriales.
Si
no consideramos esta distinción, caeremos en
el error de pensar que todo se hará mediante
la adopción de una ingeniería medible,
calculable y representable por una ecuación matemática.
Vale
la pena recordar una frase que me repetía un
maestro: “No todo lo que es lógico es psicológico”.
La
innovación, en su sentido más completo
y correcto, alcanza el nivel de lo psicológico
y lo sociológico. Y, en este espacio, la lógica,
en sentido estricto (es decir, los inventos tecnológicos
y cuantificables) es insuficiente.
El
problema no son las máquinas ni las tecnologías.
Lo que necesitan las organizaciones es una renovación
en sus procesos. Sus directivos deben entender, por
ejemplo, que la sinergia no es sólo la combinación
de los procesos industriales con los mecánicos,
químicos, etcétera.
La
sinergia es algo más amplio. La innovación
y la sinergia son ideas más ricas, accesibles
y lucrativas cuando se consideran desde una perspectiva
más amplia, más allá de los límites
que impone el concepto lógico y restrictivo de
invención.
Tratar
este asunto sin una hipócrita reverencia es el
primer paso hacia un verdadero programa de innovación.
Este
coraje, antes que un acto de arrogancia, es un gesto
de seducción. Y así debemos intentar percibirlo.
Si
logramos adherir a este enfoque, estaremos introduciendo
nuevamente, en el mundo de las organizaciones, las ideas
de calidad, de lo cualitativo, y de la calificación.
Estas ideas no son mejores ni mayores que las de cantidad,
lo cuantitativo y la cuantificación.
Son
ideas que se complementan. Son categorías absolutamente
verdaderas y ambas racionales.
En
definitiva, lo lógico y lo racional no se agotan
en lo exacto ni en lo cuantificado. Esa fue una tendencia
pasada que ya no es aceptable ni suficiente.
Análogamente,
la innovación y la sinergia, más allá
de que pueden ser traducidas en fórmulas o ecuaciones,
necesitan ser transformadas en valores. Esto es, valores
que ya no sean leídos únicamente como
cuantificaciones. |