| |
Con
el debido respeto que se merecen todos los autores y
promotores que enseñan, sostienen y creen que
el tiempo es un recurso y por lo tanto se puede administrar,
y así lo expresan en libros, talleres, charlas
y artículos; he decidido expresar, en primera
persona, lo que pienso acerca del tema y algunas de
las conclusiones que he llegado a generar basadas en
las investigaciones que he llevado a caso con relación
al tema.
Lo
primero que hay que preguntarse es ¿qué
es un recurso? Según el diccionario de la Real
Academia Española, un recurso es “un conjunto
de elementos disponibles para resolver una necesidad
o llevar a cabo una empresa”. Entre ellos están
los “recursos naturales, hidráulicos, forestales,
económicos, humanos”. Detengámonos
en una frase: “conjunto de elementos disponibles”.
Nuevamente, ¿qué debemos entender por
“disponible”? El diccionario señala
que es una cosa de la que “se puede disponer libremente
o que está lista para usarse o utilizarse”.
Muy
bien. He aquí mi cuestionamiento: ¿se
puede disponer del tiempo libremente? ¿Está
ahí listo para usarse o utilizarse espontáneamente?
La respuesta es simple: No. Nadie puede disponer del
tiempo per se, ni usarlo libremente. Por lo
tanto el tiempo no es un recurso, y al no ser un recurso,
no se puede administrar.
El
tiempo es una consecuencia y no una causa. Cuando se
habla de la administración del tiempo se hace
bajo un concepto lineal, básico y limitado, que
ofrece la ilusión de que es posible restringirlo
a períodos precisos. Nada más ajeno a
la verdad. En realidad no se está hablando de
administrar el tiempo, sino de administrar las tareas,
que es otra cosa. Usted puede listar las actividades
que espera realizar, y puede imaginar el tiempo que
ellas le tomarán; pero eso, auque incluye la
presencia del tiempo, no lo altera para nada, ni lo
incrementa ni lo disminuye, de hecho sólo está
presente como el recordatorio de una meta personal o
impuesta, como nada más.
El
tiempo podría administrarse si usted pudiera
acceder a él como se hace con el fuego o el agua.
Imagine algo así como comprar “24 horas
con un bono de 6 horas en oferta”. Usted tomaría
esas 30 horas que ha adquirido y las gastaría,
o invertiría como mejor le pareciera. Pero no
es así. También podría creerse
que se puede administrar si todo lo que ha planeado
(siguiendo la línea de pensamiento tradicional)
dependiera exclusivamente de usted y de nadie más
y, aun así, las leyes de Murphy siempre estarán
presentes, pues debe recordar que existen agentes biológicos,
físicos y subconscientes que alteran el orden
previsto de las cosas.
Es
importante destacar que el tiempo es, en la mayoría
de los casos, sólo una percepción, aun
cuando en el mundo de la física cuántica
y la metafísica posee otras connotaciones. Esta
es otra razón por la que el tiempo no se puede
administrar, pues cada quien lo percibe de manera distinta.
Haga el siguiente ejercicio: pregunte a un mínimo
de diez personas cómo les pareció el día.
¿Pasó rápido o lento? ¿Fue
rápida la mañana, o la tarde, o ambas?
Y tendrá tantas respuestas similares como contrapuestas.
Debido
a la relatividad del tiempo y su incuestionable relación
con la percepción de los individuos, asociada
a sus estados de ansiedad o calma, por citar algunos
casos, el tiempo puede andar en una tortuga, como alguna
vez imaginaron los griegos que ocurría con el
sol, o en una estrella fugaz, aun cuando el período
que se mida sea el mismo.
Ahora
bien, lo anterior no significa que no se pueda incorporar
el tiempo al ejercicio administrativo. ¡Por supuesto
que se puede! Pero no como un recurso, sino como una
herramienta, enseñando a los usuarios las características
que lo definen y cómo hacer uso de ellas de acuerdo
a su estado y condición, pues, aunque no lo parezca,
el tiempo tiene propiedades y características
que lo diferencian y delimitan en variadas circunstancias.
Justamente ha sido ignorar tales fenómenos lo
que ha impedido superar a estas alturas la idea tradicional
de la administración del tiempo.
Usted
no puede administrar el tiempo, pero sí puede
condicionar la percepción del mismo y por ende
alterar los resultados que ello produce en beneficio
de sus metas. Sencillamente no le han enseñado
aún cómo hacerlo.
En
mi libro Gerentes Ineptos puede leerse en uno
de sus capítulos todo lo relacionado con este
tema, los nuevos enfoques que posee el tiempo y su relación
con la administración y la gerencia y el logro
de los objetivos personales y colectivos.
|
|