Dedicada
a mis padres
1.
Allá por el novecientos
cuando el siglo comenzaba,
el país los esperaba
con los brazos bien abiertos...
y sin pensar si era cierto
que aquí "vivía" el futuro
vinieron, y dieron "duro"
al trabajo y a dar hijos.
Y es por eso que, colijo,
se murieron sin apuro.
2.
He tenido la gran "suerte"
de haber nacido bien pobre...
y al ganar el primer cobre
con el sudor de mi frente,
he tenido bien presente
cuánto se debe luchar
para poder disfrutar
del "vivir decentemente".
3.
Mis estudios oficiales,
muy cortos y desparejos,
los compensaron mis viejos
enseñándome a luchar,
con garra y sin descansar,
como buenos calabreses,
soportando los reveses
que el pobre debe enfrentar.
4.
Mi lucha fue recia y dura,
¡pero nunca me achiqué!
Como obrero comencé
conociendo a los que mandan,
a los que nunca se ablandan
por las desdichas ajenas
y consideraban buenas
a sus más duras demandas.
5.
Las más duras injusticias
consideraban "normales".
y para colmo de males,
ninguno se rebelaba.
A nadie se le cruzaba
por su mente sometida,
que alguna vez en la vida
esa situación cambiara (1934).
6.
De tanto "vivir lo malo"
y ubicándome "al revés"
comprobé cómo, después,
aplicándola a conciencia,
era mayor la "obediencia",
así como en rendimiento,
y todo el mundo contento,
sin odios ni prepotencia.
7.
"Mandar" ¡es mala palabra!
Lo correcto es "conducir"...
y habremos de coincidir
que la deseada "obediencia",
es fruto de la "conciencia"
que pone el trabajador
¡cuando no sufre el rigor
de la odiada prepotencia!
8.
Un día, en la Fundición,
mi jefe me oyó cantar:(*)
¡de golpe me hizo callar!
sin ninguna explicación,
sin saber que es condición
para un mayor rendimiento,
¡que el obrero esté contento
y exprese satisfacción!
9.
Aprendí en esa ocasión
que "mandar no es conducir"...
que se debe sugerir
o dar una explicación,
del por qué una negación
o el por qué de una exigencia
y obtener en consecuencia
del obrero ¡ACEPTACIÓN!
–––––––––––––––
(*) Reflexión:
Alegra más mi corazón
oir a un trabajador cantando
que a un cantante trabajando...
que tal vez esté llorando
por dentro una desazón.
Andrés
Lucífero
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