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Como
siempre, los latinos estamos expuestos a muchas noticias vinculadas
a escándalos financieros, guerra y corrupción.
Continuamos buscando una explicación lógica
y racional a las cosas, pero... ¿por qué las
cosas no están funcionando como antes?
Sin
lugar a dudas, la afectividad y las emociones constituyen
una puerta de entrada a la reflexión sobre la soberbia
y la intolerancia que abundan hoy en nuestros países.
Entre
el ir y venir de las crisis y los escándalos, no hemos
logrado entender el valioso papel que significan estos temas,
no tan sólo en nuestra vida íntima o familiar,
sino en esferas que, hasta hace poco, eran consideradas un
estorbo.
El
ser humano contemporáneo sufre de un pavoroso empobrecimiento
histórico, que nos tiene sumidos en un nivel absoluto
de analfabetismo emocional. Estamos al tanto de los índices,
de las fluctuaciones, de los bits y de lo que sucede al otro
lado del mundo, pero nada sabemos de nuestra vida afectiva
y emocional, por lo que continuamos exhibiendo gran torpeza
en nuestras relaciones personales.
Hemos
desterrado las emociones y la afectividad del palacio del
conocimiento. Si alguna cosa está democráticamente
distribuida en nuestra sociedad, es la torpeza emocional.
Ricos y pobres, iletrados y postgraduados, todos manifiestan
igual nivel de irracionalidad afectiva y analfabetismo emocional.
Nadie está dispuesto a devolver un llamado telefónico,
a conversar con un amigo, a leer, a pensar y reflexionar.
Contamos nuestros bienes pero no nuestras pasiones. Vivimos
un mundo de pequeñas relaciones cortoplacistas, sin
generación de redes y amigos. Nada debe distraer al
"conquistador" de su objetivo grandioso: someter
a los demás a su hegemonía política y
a sus redes de mercado.
Necesitamos
urgentemente volver a alfabetizarnos, pero esta vez, alfabetizarnos
emocionalmente. Pero, ¿cómo hacerlo?
La
alfabetización emocional es la segunda revolución
del saber básico. La primera fue hace casi 300 años
cuando las personas eran analfabetas racionales (iletradas),
vale decir que no sabían leer ni escribir. Ahora sucederá
lo mismo con quienes olviden las emociones y las pasiones.
Entonces es posible decir que el auto-conocimiento es el primer
paso para alfabetizarse emocionalmente. Después, la
persona aprende con las otras personas a comprenderlas, a
aceptarlas como son, a confiar, valorizar y convivir adecuadamente.
Sin embargo, en nuestra sociedad “todos queremos cambiar
el mundo, pero nadie quiere cambiarse a sí mismo”
(Tolstoi).
¿Cuáles
son las características que pueden identificar a una
persona que posee un alto grado de alfabetización emocional?
A nivel intrapersonal, puede ser el reconocer de sus emociones
y cómo ellas se expresan, saber estimular las emociones
agradables, controlar las desagradables, usar pensamientos
positivos, estimular la auto-estima, resignificar pensamientos
negativos, transformándolos en positivos, y mantener
íntegra su propia dignidad. A nivel interpersonal,
se reconoce el alfabetismo emocional a través de la
empatía con otra persona, al saber respetar la individualidad,
al hacer de la diversidad una unidad, estimulando la dignidad
humana entre las personas, sabiendo perdonar y pedir perdón,
criticar, ayudar, neutralizar ofensas y humillaciones recibidas,
armonizar conflictos, irradiar energía positiva y saber
convivir.
Para
responder adecuadamente a este desafío, se requiere
aceptar que no estamos frente a una situación de crisis,
sino que estamos enfrentando un nuevo paradigma. Para aceptar
el desafío, los individuos deben desarrollar nuevos
valores, como flexibilidad, curiosidad intelectual, tenacidad,
etcétera. En síntesis: ser pasionales y emprendedores.
Debe generarse un equilibrio entre la parte puramente emocional
y primitiva con la del cerebro racional. El desequilibrio
para lo emocional resulta en una persona muy "sensible"
y "emotiva", mientras que el desequilibrio para
lo racional surge como una persona "dura", "insensible"
y "fría".
Según
investigaciones, el 70 por ciento de la lucratividad de una
empresa está en la competencia humana y un 30 por ciento
en la técnica, lo que podría determinar que
la alfabetización emocional es indispensable en la
construcción de la calidad. Donde ella existe no aparecen
sabotajes, desperdicios y re-trabajos que interfieren directamente
en los costos. En su presencia se permite el desempeño
de verdaderos equipos.
“Este
maravilloso desafío para nuestra generación,
no se enseña por el momento en ninguna universidad
local o extranjera, hay que buscarlo dentro de nosotros mismos.
Quizá en neuronas adormecidas de nuestro cerebro o
quizá en nuestro propio corazón”, como
lo señala el argentino Gerardo Saporosi.
Como
dijo hace décadas Khalil Gibran: “...somos como
un velero en medio del mar, el timón es nuestra razón,
y nuestras velas junto con el viento son la pasión
que nos impulsa. Si tenemos solamente timón, por más
que lo moviéramos estaríamos estancados en medio
del mar, y si tuviéramos solamente velas, andaríamos
sin rumbo a la deriva. Por este motivo, razón y pasión,
cerebro y corazón, pensamientos y emociones, deben
ir juntos y en equilibrio, porque nuestra pasión da
el impulso y nuestra razón lo guía...”.
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