La
mayoría de las personas hace muy poco para dirigir
conscientemente sus estados. Se levantan deprimidos o con
buen pie; una buena mañana los anima, o una mala los
hunde. Cambiar de estado es lo que desea la gente. ¿Qué
hace entonces la mayoría? Pues digamos que prenden
la televisión para que les proporcione representaciones
nuevas que puedan interiorizar. Ven las noticias o alguna
otra cosa, ríen o se lamentan del mundo. Ya no se sienten
en estado de frustración. Entonces van y comen algo,
fuman un cigarro, toman un trago o quizá podrían
salir a hacer ejercicio.
La
única dificultad con la mayor parte de estos planteamientos,
es que los resultados no duran mucho. Cuando se acaba el espectáculo
televisivo, se encuentran con las mismas representaciones
de antes acerca de sus vidas. Cuando lo recuerdan, vuelven
a sentirse mal; mientras tanto, aquella comida en exceso,
aquel trago o los cuadros dramáticos de la televisión,
ya han sido consumidos. Ahora hay que pagar el precio de ese
cambio de ánimo temporal. La idea es enfrentar con
éxito el cambio de sus representaciones internas y
su filosofía, sin recurrir a apoyos externos que muchas
veces añaden más problemas a largo plazo.
¿Por
qué caen en este estado? Porque buscan soluciones fáciles
y no conocen otra manera de obtener un mejor estado.
En
cambio, las personas que han alcanzado la excelencia son maestras
en beber de las fuentes más generosas de su propio
cerebro. Eso es lo que los distingue del montón. Hay
muchos factores que influyen en su estado de ánimo.
Entre ellos, quizá el más importante es la sumatoria
de sus creencias.
La
gente desarrolla con frecuencia creencias limitadoras acerca
de quiénes son y de qué son capaces. Como no
han alcanzado éxito en el pasado, creen que no lo podrán
alcanzar en el futuro. Como resultado, y a partir de su temor
al dolor, empiezan a enfocar constantemente la atención
en ser “realistas”. La mayoría de quienes
dicen una y otra vez “seamos realistas”, están
viviendo en realidad en el temor, mortalmente asustados ante
la posibilidad de verse defraudados de nuevo. A partir de
ese temor, desarrollan creencias que les hacen vacilar, no
están dispuestos a entregarlo todo y, en consecuencia,
obtienen resultados limitados.
Las
creencias son la brújula, el mapa que nos guía
hacia nuestros objetivos y nos inspiran, y no proveen la confianza
en que sabremos alcanzarlos. A falta de estas, o de la esperanza
de construirlas, los seres humanos llegan a verse totalmente
desamparados, como barcas sin motor ni timón. En cambio,
con creencias firmes que sirvan de guía, uno se ve
capaz de emprender la acción y de dar forma al mundo
en que desea vivir.
Pero,
¿qué son las creencias? Son planteamientos preformados
y preorganizados de lo que somos capaces de hacer. Una verdadera
guía que filtra de una manera coherente nuestra comunicación
con nosotros mismos.
¿De
dónde proceden las creencias? ¿Por qué
ciertas personas tienen creencias que las impulsan hacia el
éxito y otras al fracaso?
Una
primera creencia se desarrolla en el ambiente que nos rodea.
La segunda en los acontecimientos, grandes y pequeños,
que nos toca vivir. Otra es el conocimiento que adquirimos
en la vida y la creación de resultados a partir de
los resultados anteriores. Todos los progresos personales
empiezan con un cambio en las creencias.
A
menudo nos vemos inclinados a creer que las circunstancias
controlan nuestras vidas, y que el ambiente nos ha configurado
tal y cómo somos. ¡Jamás podría
haberse dicho una falsedad mayor! No son las circunstancias
de nuestras vidas las que nos configuran, sino nuestras creencias
acerca de lo que significan esas circunstancias. Necesitamos
recordar que la mayoría de nuestras creencias son generalizaciones
sobre nuestro pasado, basadas en nuestras interpretaciones
de experiencias dolorosas y placenteras.
En
una muralla de un café en Sillicon Valley, en Estados
Unidos, se lee una frase, de un par de aventureros que lograron
cambiar el mundo, lograron superar sus creencias limitadoras:
“Entonces
nosotros fuimos hasta la Atari y les dijimos: Miren, conseguimos
este aparato sorprendente juntando unas piezas de sus propias
máquinas. ¿Cómo encuentran la idea
de financiarnos y nosotros les damos el proyecto a ustedes?
Paguen nuestros sueldos y nosotros trabajamos para ustedes.
Ellos
dijeron: No.
Entonces
nos fuimos hasta la Hewlett Packard, y ellos dijeron:
¡”Miren,
nosotros no necesitamos de un par de mocosos que ni siquiera
han salido de la Universidad!”.
Steve
Jobs e Steve Wozniak, tentando a Atari o HP en la producción
de un aparato extraño que ellos habían inventado
en el garaje de su casa: la Computadora Personal. Transcurrían
los primeros meses de 1978.
¿Cuáles
son sus creencias y cuáles está dispuesto a
configurar de forma diferente de ahora en adelante para lograr
su éxito? |