El
concepto de empleabilidad para un ejecutivo, es básicamente
optimista: “¿qué necesito hacer para continuar
siendo un empleado considerado y con un sueldo relativamente
seguro a fin de mes?”; mientras que el descartable se
sale del esquema tradicional, es un pesimista responsable
y su lema es “¿cómo me preparo para cuando
quede cesante?”
Los
“descartables” parten de la sana premisa de que
cualquier empleado es siempre un potencial desempleado. Por
eso, nunca dejan de auto-capacitarse para el día en
que se quedarán sin empleo. Pero paradojalmente, cuando
ese día llega, no lo pierden, porque están mucho
mejor preparados.
Las
empresas ya han comenzado a percibir que los profesionales
“descartables” tienen algo de inmenso valor que
el empleable sólo finge tener: mucha confianza en sí
mismos y poca en el sistema. El trabajo del “descartable”
habla por sí sólo, por lo tanto él no
necesita llamar la atención sobre sus éxitos.
El
tiempo que el empleable gasta en el juego estructural, el
“descartable” lo ocupa actualizándose y
tejiendo su red de contactos.
Mientras
más “descartables” o intraemprendedores
conozco, más me impresiono, porque cuando hay una reducción
de personal ellos se mantienen en sus cargos. Cuando salen,
es siempre por voluntad propia, y antes que las reducciones
de estructura o dowsizings se inicien. Al contrario del empleable,
el “descartable” es por encima de todo, independiente.
Todo
esto produce la paradoja de que los “descartables”
resisten mejor a los cambios, mientras que los empleables
están siendo descartados.
Nuestra
educación y formación profesional están
concebidas, en su mayoría, para formar legiones de
empleables cuyos elementos básicos de sobrevivencia
son los cursos de post-grado, hablar inglés y escalar
en los peldaños corporativos.
Los
“descartables” también estudian y hablan
idiomas, pero principalmente lo usan para cambiar proactivamente.
Generan nuevos negocios para sus empresas, aceptando desafíos
a través de un crecimiento horizontal en nuevas unidades
de negocio que deben abrir las grandes corporaciones para
enfrentar al creciente número de nichos de sintonía
fina que surgen.
Mientras
el empleable se maneja con el tradicional currículo,
introducido en nuestro continente a inicios del siglo pasado,
que detalla la antigüedad en los cargos y las funciones
realizadas, el descartable ya trabaja con el nuevo modelo
de presentación laboral, que parte por relatar sus
logros, a quién le ha ganado, cuáles fueron
sus obras con resultados.
Sin
duda que las empresas de vanguardia los prefieren, ¡y
cómo!, pero son escasos en nuestro medio.
Pero,
¿de qué manera podría enfrentar usted
su futuro profesional, ahora que muchos de los empleables
están quedando desnudos en los pasillos del poder?
Creo
que efectuando un balance permanente de sus realizaciones.
Por ejemplo, cada un año, preguntarse en la serenidad
de su conciencia.
- ¿Qué
proyectos desarrollé o comandé que hayan significado
resultados cuantificables?
- ¿Cuál
es mi enfoque para volverme más valioso en el mercado
que el año pasado?
- ¿Qué
prueba tengo de que mis conocimientos son de avanzada y
cuáles me propongo adquirir para el año próximo?
- ¿Qué
opinión tienen los clientes de mí, tanto desde
el punto de vista cualitativo como cuantitativo, incluyendo
los beneficios que les otorgué?
- ¿Cuáles
clientes estarán dispuestos a dar testimonio de mi
valor?
- ¿Qué
aprendí y desaprendí y qué conocimientos
viejos pretendo mejorar durante el período?
- ¿Cuántas
redes concretas desarrollé que estén dispuestas
a contratarme en la oportunidad que lo requiera?
El
desafío parece ser, entonces, el convertir todo empleo
en una verdadera empresa autónoma y todo trabajador
en un empresario interno. Es la única forma de tratar
a los clientes con imaginación y rapidez en un mercado
sofocado de buenos productos, servicios y buenos competidores
de aquí, de allá y de Dios sabe de qué
otro lugar.
Trate
de explicar en veinte palabras, ¡ahora!, por qué
usted es valioso para su empresa. Si no lo logra, vaya consultando
a su fondo de pensión para ver cómo puede jubilarse
anticipademente.
Otro
ejercicio recomendable: finja que deberá abandonar
la empresa dentro de unos meses porque alguien lo reemplazará,
reevalúe su actuar, delegue funciones y luego descubra
una nueva forma de agregar valor. Repita este ejercicio una
y otra vez, hasta el momento de jubilarse.
Ya
no existe ninguna seguridad de que haya un camino claro y
firme para una carrera, ya no hay reglas que uno pueda usar
para garantizarse su vale de almuerzo. La clave ahora es hacer
cosas interesantes y desafiantes en forma profesional, desarrollar
una originalidad y ampliar sus conocimientos en lugar de adaptarse
a las oportunidades que se presentan.
Ahora
la seguridad de su empleo es proporcional a:
1)
el volumen de su red de contactos activables;
2) el ritmo de expansión de esa red;
3) la importancia de las anotaciones en su agenda más
allá del marco de la empresa;
y 4) el tiempo dedicado al mantenimiento de su red.
Así
como en el Titanic, mientras los empleables se aferraban a
cuanto salvavidas encontraban, los “descartables”
ya sabían que esto sucedería y ni siquiera habían
abordado el barco. Estaban re-inventándose para su
próxima aventura.
La
empleabilidad ya es historia, viva al descartabilidad. |