DESARROLLO
PERSONAL
Aprender
sobre las emociones
Por
Abel Cortese
"Las
personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen
más probabilidades de sentirse satisfechas y ser eficaces
en su vida, y de dominar los hábitos mentales que favorezcan
su propia productividad; las personas que no pueden poner
cierto orden en su vida emocional libran batallas interiores
que sabotean su capacidad de concentrarse en el trabajo y
pensar con claridad" (Dr. Daniel Goleman).
“¿Cómo
está usted?”. Es una pregunta importante, tanto
si nos la hacemos a nosotros mismos como si nos la formulan
otros. “¿Cómo está usted?”
nos pide que seamos capaces de describir nuestros sentimientos
con palabras, que les coloquemos unas etiquetas que reflejen
su variedad.
Una
vez que somos capaces de reconocer nuestros diferentes sentimientos,
nuestra posibilidad de controlarlos es mucho mayor. ¿Por
qué es importante hacerlo? Porque su estado anímico
influencia en gran medida lo que usted haga. Cuando usted
está triste, se mostrará retraído. Cuando
está contento, derrochará buen humor. Pero si
usted no sabe cómo está, entonces tampoco sabe
cuál es su forma de actuar más probable, y por
tanto, no estará seguro de cómo ponerla en práctica.
Es
importante recordar que aun las emociones llamadas “positivas”
pueden tener aspectos peligrosos o inconvenientes. El entusiasmo,
por ejemplo, a veces puede conducir a un comportamiento impulsivo.
Imaginemos que en una reunión es presentado un proyecto
que nos entusiasma tanto que nos ofrecemos voluntarios para
dirigirlo, a pesar de que estamos saturados de trabajo. O
la alegría que nos produce un ascenso, lo que hace
que vayamos por ahí jactándonos ante nuestros
colegas, uno de los cuales ha sido rechazado.
Podemos
aprender muchísimo (y ejercer influencia) sobre nuestras
emociones, así como aprendemos sobre matemáticas
o marketing.
Entrenarnos
en el desarrollo de las aptitudes emocionales nos permite
desarrollar la capacidad de manejar las emociones idóneas
para cada acción y regular su manifestación,
manteniendo el equilibrio emocional, transmitiendo estados
de ánimo para generar actitudes y respuestas positivas,
aprendiendo a evaluar el “costo emocional” de
situaciones y acciones, desarrollando destrezas sociales,
forjando y manejando relaciones con clientes, proveedores,
colegas, etc.; realizando un plan de aplicación en
el terreno de nuestra esfera de influencia empresarial y laboral,
extendiéndolo a la vida familiar y social.
De
hecho, la estructura emocional básica puede ser modificada
mediante una toma de conciencia y cierta práctica:
los circuitos neurológicos involucrados pueden alterarse
o reforzarse con la repetición de ciertos hábitos.
Allí se abre una oportunidad única para desarrollar
la Inteligencia Emocional. La infancia y la adolescencia son
dos momentos críticos, pero en la madurez la mayoría
de las personas pueden educar con ventaja sus emociones.
El
aprendizaje es capaz de moldear, en definitiva, algunos aspectos
importantes de la realidad emocional individual y colectiva.
La
aptitud emocional no se puede mejorar de la noche a la mañana,
porque el cerebro emocional tarda semanas y meses en cambiar
sus hábitos, no horas y días. Para llegar al
punto en que un hábito nuevo reemplaza a otro se requiere
cierta práctica. Los estudios clínicos realizados
sobre cambios de conducta demuestran que cuanto más
tiempo pasa una pesona esforzándose por cambiar, más
durable será ese cambio.
Cuando
la persona tiene un conocimiento eficaz sobre la Inteligencia
Emocional puede encauzar, dirigir y aplicar sus emociones,
permitiendo así que las mismas trabajen a favor, y
no en contra de su personalidad.
De
esta forma, las emociones pueden guiar todas las actitudes
de nuestra vida hacia pensamientos y hábitos constructivos,
que mejoren en forma absoluta los resultados finales que queremos
alcanzar.
Es
un precioso instrumento para solucionar desde una situación
desagradable con un empleado que trabaja con nosotros, o finalizar
un trato con un cliente particularmente difícil, hasta
resolver en forma definitiva y tranquila las difíciles
situaciones familiares que muchas personas viven como algo
destructivo, cansador y frustrante.
A
causa de que las emociones, los pensamientos y las acciones
se entrelazan, nuestras estrategias para forjar una educación
emocionalmente inteligente deben hacer uso de varios principios
a la vez. No se trata de un procedimiento simplista ni demasiado
complejo, sino meramente realista y práctico. |