Muchas
son las características que nos diferencian de los
animales; la principal de éstas es la capacidad de
verbalizar nuestras ideas o pensamientos.
La palabra “idea” proviene de la expresión
griega éidos, que significa vista o representación
de algo, imagen. Esto explica por qué las ideas por
lo general se manifiestan en la mente en forma de imágenes,
algunas concretas, otras abstractas. No solemos tener problemas
con las primeras porque son claramente visibles en nuestra
mente.
Por
ejemplo, cierre los ojos y haga que aparezca en su mente la
idea de gato. ¿Lo puede visualizar? Seguro que sí,
pues es una imagen o idea concreta, y por eso es fácil
de expresar.
Ahora
traiga a su mente las ideas de amor, calidad o eficiencia.
¿Qué ve? ¿Verdad que le cuesta definirlo?
Esto se debe a que son ideas abstractas, y las mismas se basan
en sentimientos o experiencias subjetivas. Mis conceptos de
amor, eficiencia o calidad quizás difieran de los suyos,
sin que ninguno de los dos sea erróneo. Esto provoca
que aun expresando las mismas palabras, parezca que hablamos
idiomas distintos, pues manejamos conceptos diferentes.
El
desafió esta en lograr que usted entienda lo que yo
entiendo por estos conceptos. Y de esto se trata este artículo,
de cómo expresar claramente nuestras ideas para lograr
una buena comunicación, ya sea en una presentación,
en la exposición de un proyecto, en una conversación
con un cliente, o sencillamente en nuestras relaciones interpersonales.
Aristóteles
(384-322 AC), el famoso sofista y tutor de Alejandro Magno,
dijo: El saber expresar una idea es tan importante como la
idea misma. En otras palabras: ¿de qué vale
tener una idea extraordinaria, magistral, sobre cómo
mejorar las ventas en nuestra empresa, o cómo aumentar
la productividad de los empleados, si no la sabemos expresar?
En
el marco empresarial la exposición de ideas debe tener
como objetivo primordial plantear el problema, pero al mismo
tiempo proponer las soluciones del mismo, incluyendo pruebas
convincentes que las avalen y el beneficio de su aplicación
pertinente. Esto nos ubicará en el plano de las personas
que resuelven problemas en vez de generarlos.
INTRODUCCION
1.
Planteo del problema
- Utilizar
un ejemplo concreto (estadísticas o encuestas)
- Explicar
claramente por qué el auditorio tiene que ver con
la solución del mismo.
Ejemplo:
El semestre pasado las ventas decrecieron en un 20 por ciento
con respecto al mismo período del año anterior.
La razón es que no hubo en la empresa la adecuada capacitación
del personal y carecemos de buena atención al cliente.
DESARROLLO
2.
Acciones
- Describir
la acción que sea más aplicativa al caso.
- Ser
conciso y claro. Utilice palabras como “Recomiendo”,
o “Sugiero”.
Ejemplo:
Recomiendo más capacitación por parte de la
empresa. Y sugiero mejorar la atención al cliente brindándole
una mejor calidad de servicio y cordialidad en el trato.
3.
Beneficios
- Exponer
a la audiencia los beneficios que puede generar llevar a
cabo esta acción.
- Argumente
con las pruebas pertinentes.
Ejemplo:
Al tener más personal cualificado la empresa estará
mejor preparada para negociar con clientes potenciales. Prueba
de esto es que dos años atrás la empresa envió
a tres de sus vendedores a un curso de negociación
y los ingresos de éstos mejoraron en un 90 por ciento
en los meses sucesivos, según las estadísticas.
Además, mejorar la calidad de atención hará
que los clientes que ya tiene no se vean tentados a comprarle
a la competencia. Prueba de esto es el caso de Juan Pérez,
quien se destaca por su amabilidad y cordialidad, a lo que
atribuimos el hecho de que lo prefieran a él antes
que a otros vendedores.
CONCLUSION
4.
Realizar resumen concluyente
-
Resaltar la relación entre la acción y el
beneficio.
Ejemplo:
De esta manera, si capacitamos adecuadamente al personal del
área de ventas y mejoramos la atención, no sólo
mantendremos a nuestros clientes actuales sino que incrementaremos
las ventas, posiblemente hasta en un 90 por ciento.
Cuando
aprendamos a expresar de forma objetiva nuestras ideas (subjetivas)
lograremos unificar conceptos que por nuestra experiencia,
crianza, o educación, difieren de los de otras personas.
Evitaremos los malos entendidos y hablaremos, por así
decirlo, un mismo idioma, persiguiendo y alcanzando un fin
común. |