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Tras
el auge de los conceptos derivados de la Inteligencia Emocional
en los años ’90, esta corriente podría
parecer que estuviera cayendo en desuso ante el derrumbre
de los mercados accionarios y laborales. Efectivamente, “centrar
la atención en los sentimientos parece fuera de lugar”,
según observa el artículo de la Harvard Business
Review de abril de 2003.
Pero
para la prestigiosa publicación del mundo de los negocios,
desentenderse de las emociones de los empleados sería
un error. “La inteligencia emocional no se limita a
estimular el crecimiento y el espiritu optimista en los períodos
de auge, sino que también los protege en tiempos difíciles.
De hecho –advierte–, lo mejor que usted puede
hacer en este momento es aplicar la inteligencia emocional
a sí mismo”.
Harvard
Business Review recuerda un artículo de 2002 en el
que Richard Boyatzis, Annie McKee y Daniel Goleman (el fundador
de esta corriente) registraron el repliegue de la inteligencia
emocional. “El examen de uno mismo, argumentaron, no
es indulgencia con uno mismo, sino todo lo contrario. Los
ejecutivos que no son capaces de desarrollar conciencia de
sí mismos, corren el riesgo de caer en una rutina de
insensibilidad emocional que amenaza su verdadera individualidad.
De hecho, la renuencia a explorar su propio mundo interior
no sólo debilita su motivación, sino que puede
socavar su capacidad para inspirar a los demás”.
Y
lo que es peor, agrega Harvard Business Review, puede poner
en peligro su carrera. Citando otro artículo del año
pasado, de Ronald Heifetz y Marty Linsky, observa que “los
líderes suelen sabotearse a sí mismos al pretender
que son invulnerables. Los líderes deben cuidar sus
espaldas, advierten los autores. La inteligencia emocional
se puede usar para crear armonía en el lugar de trabajo,
pero también para ser más listo que sus enemigos
al entregarles las herramientas necesarias para entenderlos
y anticiparse a ellos”.
La
inteligencia emocional, concluye Harvard Business Review,
“no es un lujo del que puede prescindir en tiempos difíciles.
Es una herramienta fundamental que, desplegada con delicadeza,
es clave para el éxito profesional”. |
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