Un
famoso guerrero que volvía de batallar portando con
orgullo su invicta espada en la cintura, encontró junto
al camino un grupo de gente escuchando a un maestro espiritual.
Se ubicó entre las personas más alejadas, y
por un rato estuvo escuchando al maestro hasta que, irritado
por lo que le parecía pura charlatanería, interrumpió
la enseñanza bruscamente:
–
¡Lo único que tú haces es hablar! Las
palabras no sirven para nada. A las palabras se las lleva
el viento.
El
maestro lo miró un instante, y con gran serenidad le
contestó:
–
Sólo un necio como tú, cuya cabeza está
acobardada y medio vacía por los golpes recibidos,
puede decir una estupidez de ese tamaño.
El
guerrero saltó como un resorte y en cuatro grandes
pasos estaba frente al maestro con su espada lista para partirlo
en dos:
–
¿Qué es lo que te has atrevido a decirme?
–
Oh, no te había reconocido –dijo el maestro–,
pero veo en tu agilidad, destreza y valentía, a uno
de los más hábiles guerreros que haya pisado
nuestra tierra y te presento mis respetos.
El
soldado bajó su espada, sonrió satisfecho, y
volvió a ocupar su lugar entre la gente.
–
Espero –le dijo el maestro mirándolo con una
sonrisa– que en el futuro tengas más respeto
por las palabras, ya que con ellas te hice venir hasta mí
y te llevé al infierno de la furia, para luego calmarte
y volverte a tu lugar.
A
partir de ese día, el soldado se unió al grupo
que seguía al maestro y fue su discípulo por
muchos años.
*****
Generalmente
se desconoce la importancia que tiene el hablar en nuestro
desempeño laboral y, como el soldado de nuestro relato,
decimos frases como: “el problema es que la gente habla
mucho y trabaja poco”, “si hablamos menos, vamos
a trabajar más”, “hay que dejar de conversar
y ponerse a trabajar”. Estas expresiones reflejan las
creencias profundamente arraigadas de una sociedad cuya base
productiva estuvo signada por el trabajo manual y la generación
de bienes tangibles. Si bien esa sociedad, tal cual la conocimos
durante varios siglos, ha dejado de existir, todavía
perviven los paradigmas que rigieron su dinámica social.
En
el mundo actual tendremos que generar nuevas teorías
y concepciones que den cuenta de los diferentes desafíos
que enfrentan las personas en los diversos ámbitos
de su desempeño. En este sentido, la resignificación
y revalorización de la comunicación y su vínculo
con el accionar humano, es una de las claves que nos permite
encarar cuestiones que van desde el desarrollo personal hasta
la productividad del trabajo del conocimiento.
LA
COMUNICACIÓN COMO ACCIÓN
“Cambiemos
nuestras conversaciones y
crearemos un mundo distinto”
Humberto Maturana
Durante
décadas se abordó el estudio y análisis
de la comunicación desde el paradigma de la transmisión
de la información. En paralelo y en coincidencia con
esta concepción, convivió la visión que
consideraba al lenguaje como un instrumento para describir
el estado de las cosas, es decir, el lenguaje como el portador
de la información.
Esta
concepción supone que la realidad ya está ahí
antes que el lenguaje, y lo que éste hace es simplemente
describirla, “hablar de ella”. Por lo tanto, le
atribuye al lenguaje un rol pasivo o descriptivo, como el
encargado de dar cuenta de lo existente. Esta caracterización
del lenguaje se complementa perfectamente con la teoría
de la transmisión de la información, y dentro
de este esquema conceptual el lenguaje pasó a ocupar
la categoría del código que se utiliza para
componer los mensajes.
Desde
hace un tiempo comenzó a analizarse el hecho de que
hemos estado atrapados en esta estrecha y restrictiva comprensión
del lenguaje y la comunicación, que nos dificulta entender
su naturaleza efectiva y que nos imposibilita comprender la
importancia y gravitación que ambos tienen para los
seres humanos. Se empieza a entender que el lenguaje es algo
más que las palabras que se dicen, es bastante más
profundo e impactante que un medio que nos permite expresar,
transmitir o comunicar lo que percibimos, pensamos o sentimos.
Además
de su aspecto descriptivo, el lenguaje posee un profundo carácter
generativo a partir del cual accionamos, coordinamos nuestras
conductas y generamos nuevas realidades. A través de
la palabra hacemos que ciertas cosas pasen y, por lo tanto,
el lenguaje constituye una forma de intervenir en la construcción
de nuestro mundo. Y es este carácter el que nos induce
a considerar a la comunicación como acción y
no como una mera transmisión de información.
Cuando
afirmamos que accionamos a través del poder transformador
de la palabra, nos referimos a que cuando hablamos suceden
cosas, y cuando callamos suceden otras. Cuando hablamos y
decimos una cosa, sucede algo determinado, y cuando decimos
otra, pasa algo distinto. La realidad no siempre precede al
lenguaje, éste también antecede a la realidad.
Hay cosas que no hubiesen sucedido si no hubiéramos
hablado, si no hubiésemos establecido una conversación
con otra persona. A través de nuestras conversaciones
declaramos nuestro amor, contratamos un viaje, solicitamos
un aumento de sueldo, le damos la bienvenida a alguien a nuestra
casa o le solicitamos que se retire. Es por medio de nuestras
conversaciones que realizamos gran parte de las acciones en
nuestra vida.
La
concepción tradicional nos ha dificultado advertir
este carácter activo de la comunicación humana.
Por ejemplo, no es lo mismo decirle a alguien “asistieron
quince personas a la reunión”, donde estamos
informando sobre algo sucedido, utilizando el carácter
descriptivo del lenguaje, que decir “a partir de mañana
te haces cargo de la gerencia de finanzas”, o “a
partir de mañana vas a ser trasladado a la sección
de mantenimiento”. En estos casos, aunque pueda escucharse
como una información, estamos realizando una acción
a través del poder transformador de la palabra. Si
efectivamente quien enuncia estas frases tiene el poder o
la autoridad jerárquica para hacerlo, para bien o para
mal, la situación de la otra persona habrá cambiado.
Con esa acción comunicacional se ha generado una nueva
realidad.
A
través de nuestras conversaciones no sólo actuamos
sino también interactuamos, establecemos conexiones,
coordinamos acciones, construimos vínculos y acordamos
compromisos. Todos los seres humanos interactuamos en redes
conversacionales. Lo que nos es posible o dificultoso realizar
depende en gran parte de la extensión y la calidad
de nuestra red de vínculos. Por medio de nuestras conversaciones
pedimos un empleo, ofrecemos nuestros servicios, prometemos
concurrir a una reunión, establecemos el compromiso
de realizar un trabajo o demandamos nuestros honorarios. Gran
parte de las acciones fundamentales de la vida las realizamos
a través de conversaciones que mantenemos con otras
personas. Nuestras conversaciones determinan la calidad de
nuestros vínculos, y por lo tanto comprometen nuestra
efectividad.
También
a través de nuestras conversaciones creamos nuevos
sucesos y generamos futuros diferentes. Convocamos para un
nuevo proyecto, elaboramos y transmitimos nuestra visión,
proponemos nuevos objetivos, planteamos nuevas ideas, y todo
esto lo hacemos conversando con otro. Nuestras conversaciones
condicionan nuestro horizonte de posibilidades.
Y
aún más, a través de nuestras conversaciones
y nuestras narrativas creamos nuevos sentidos y modelamos
la percepción de otras personas. Cuando planteamos
una interpretación diferente o desarrollamos una nueva
teoría, cuando contamos una historia, acuñamos
una metáfora, capacitamos a alguien o educamos a nuestros
hijos, en todos los casos estamos utilizando el carácter
transformador de la palabra para incidir en la forma de percibir
la realidad.
A
través de nuestras conversaciones explicitamos nuestros
puntos de vista y la forma de observar el mundo que nos rodea.
Elaboramos interpretaciones, generamos nuevas explicaciones
e Influimos en las opiniones, decisiones y comportamientos
de los demás. Muchas veces después de alguna
conversación nuestra vida cambia, nuestro ser se transforma
aunque sea imperceptiblemente. Al adquirir una nueva distinción
o al realizar una diferente interpretación, hemos ampliado
nuestra capacidad de acción y de transformación.
Un ejemplo de esto son las conversaciones de coaching, que
tienen como objetivo desarrollar las potencialidades de las
personas, o las conversaciones terapéuticas destinadas
a curar nuestras heridas emocionales.
Cuando
observamos y recapacitamos sobre todo lo que hacemos a través
del lenguaje, emerge con claridad el carácter transformador
de la comunicación humana, ya que es a través
de nuestras conversaciones que nos vamos constituyendo en
el ser que somos. La palabra conversar viene del latín
“conversare”, que significa “dar vuelta”,
“hacer conversión”. A través de
nuestras conversaciones nos convertimos en alguien distinto,
vamos cambiando nuestros puntos de vista, realizamos aprendizajes,
reflexionamos sobre nuestros problemas, se nos abren oportunidades
de crecimiento, construimos nuestra imagen pública
y todo esto lo hacemos en el lenguaje.
Si
habitamos en el lenguaje, si aprendemos y nos transformamos
a través de la palabra, si accionamos por medio de
nuestras conversaciones y éstas no solamente condicionan
nuestras posibilidades y determinan la efectividad de nuestro
desempeño, sino que nos constituyen en el ser que somos,
cabría preguntarse acerca de la competencia en nuestro
conversar. Con cuánta destreza y eficacia hablamos
y escuchamos.
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CURSO/ENTRENAMIENTO
ONLINE
A CARGO DEL AUTOR DEL ARTÍCULO
COMUNICACIÓN Y EFECTIVIDAD INTERPERSONAL
Competencias conversacionales para el
desarrollo personal y la efectividad organizacional
COMIENZA: 20 DE FEBRERO DE 2008
DURACIÓN: 14 semanas
La
comunicación ha adquirido un creciente protagonismo
en el ámbito de la gestión organizacional.
Este fenómeno lleva implícito un cambio
paradigmático en la forma de interpretar el fenómeno
de la comunicación humana y organizacional. Este
cambio de mirada pasa de la concepción tradicional,
que concibe a la comunicación como transmisión
de información, al concepto de la comunicación
como generadora de acción.
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