El
trabajo es como un río. Nunca deja de fluir. Usted
está en plena corriente, y el agua está subiendo.
¿Qué hacer?
Cada
día que pasa, todos experimentamos el río: el
trabajo, las exigencias, el flujo implacable. Piénselo.
¿Cuál fue la última vez que se fue a
su casa después de trabajar sin que le quedaran tareas
pendientes que no alcanzó a terminar? ¿Nunca?
Si
no tiene cuidado…
…ese
río sin fin lo ahogará…
…y usted se volverá menos eficaz como líder
y como colaborador individual.
Créase
o no, allá por las décadas de 1970 y 1980 era
muy normal para muchos empleados irse a su casa por la noche
sin dejar tareas pendientes. Las interminables exigencias
y expectativas que hoy en día nos acucian a todos de
lunes a lunes recalan más que nada en la gerencia,
en especial la plana mayor.
Hoy
no es así. La mayoría de nosotros nos
encontramos en medio de un río ininterrumpido de oportunidades
y expectativas de hacer más, proveer más, generar
más. Y eso es bueno, porque si el río
detuviera su corriente demasiado tiempo nos encontraríamos
sin empleo.
Pero
el exceso de algo bueno puede llegar a abrumarnos. El agua,
muchas veces aludida como la fuente de la vida, es algo bueno.
Pero, si se presenta en forma incesante, literalmente puede
ahogarnos. El trabajo también es algo bueno. Puede
y de hecho debe brindar un gran sentido de valor personal
y placer en el logro. Por cierto que proporciona los medios
económicos como para sustentar nuestros logros y alegrías
en la parte personal de la vida. Sin embargo, al igual que
en el caso del río, la presión constante puede
desgastarnos, hacernos menos eficaces y provocar que perdamos
el equilibrio hasta sentir que nos ahogamos. Pero nada de
eso es obligatorio!
Lo
que tenemos que hacer en vez es, cada tanto, poner “pie
en una isla”.
Salir
del río y olvidarnos del trabajo; aliviar la presión.
Como resultado, muy pronto recuperaremos nuestras fuerzas
y nuestro equilibrio. Para hacerlo no es necesario tomar un
vuelo que nos lleve a un atolón exótico, lo
cual de todas maneras insumiría demasiado tiempo. De
distintas formas debemos crearnos nuestras propias
islitas cada día y cada semana, y así
encontraremos que el río, en vez de ser extenuante,
resulta por cierto refrescante.
Personalmente,
me hago el propósito varias veces por semana para desayunar
o almorzar yo sola, jugar con mi perra y leer mi diario favorito
o tal vez un buen libro que me tenga enganchada. Durante ese
rato yo estoy afuera del río, incluso si son sólo
20 a 30 minutos. Cuando dispongo de un poquito más
de tiempo, por ejemplo una tarde que salgo temprano o un fin
de semana, me encanta ir al cine. Es una actividad lo suficientemente
atrapante como para desenchufarme de todo lo que sea trabajo,
sin que llegue a resultarme demandante ni estresante.
Hace
poco una buena amiga me contó de la isla en la que
cada tanto desembarca. Las dos trabajamos mucho juntas en
una época, así que estoy muy familiarizada con
su fuerte ética laboral. Ella dirige su propio negocio,
en el que su trabajo no sólo fluye constantemente sino
que a menudo rebalsa. Desde chica le fascinaba la habilidad
de su madre para pintar paisajes. Siempre anheló poder
aportar arte a su vida también, pero nunca se tomó
el tiempo como para dedicarse en forma significativa.
Hace
unos seis meses, mientras iba de compras, vio a un artista
que estaba haciendo una demostración. Le impresionó
su trabajo, y se inscribió para una clase semanal de
dos horas que el artista impartía temprano por la noche.
Cuando le pregunté por la experiencia me contestó:
“Me encanta. Es lo que más espero toda la semana”.
Sus habilidades han progresado sustancialmente, y ahora está
planeando hacer una exhibición de su propio trabajo
para fines de este año. Lo más importante
es que se creó un puente que la lleva a una isla que
es su clase de arte, además de algunas noches
y fines de semana en los que pinta en su propia casa. Toma
distancia así de las presiones de la vida laboral y
hogareña. La isla la alivia, le carga las pilas y la
capacita para desempeñarse aun mejor cuando vuelve
al río. Es una recompensa extra y una motivación
para querer estar en ese río. “Me merezco este
placer”.
Una
palabra de advertencia. Su isla debe ser saludable; debe vigorizarlo
y fortalecerlo, debe hacer de usted una mejor persona. Con
frecuencia, debido a que no nos damos permiso para salir conscientemente
del río y hacer algo sólo por placer, sin darnos
cuenta caemos en “evasiones” que involucran excesos,
tal vez de comida o de alcohol. Pues bien; a mí me
encanta la buena mesa y un rico vinito, pero usted y yo sabemos
que el exceso drena nuestras energías en vez de recargarlas.
Recuerde
que la respuesta no está en añorar o anhelar
que el río baje o deje de fluir. Tampoco está
en buscar un río diferente, todos los ríos
fluyen. El tema está en entender y VALORAR la necesidad
de anclar en una isla con regularidad.
De
manera que dése a usted mismo el permiso de tomarse
esos descansos en la isla que le resulten saludables y le
den fuerzas como para volver mejor y más vigorizado
a la corriente del río. Hacer ejercicio físico
con regularidad es un gran escape y libera maravillosas endorfinas.
Plante una rosa o una orquídea. Empiece ese hobby o
persiga ese interés que ha dejado pasar o nunca pudo
emprender. Y, cuando lo haga, no se preocupe ni piense jamás
en el trabajo. Usted y su trabajo saldrán beneficiados.
El
disfrutar las islas hará que disfrute también
el río. Se lo merece!!... y mejorará su carrera! |