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Todas
las recientes publicaciones de negocios se refieren a la llamada
“Guerra de Talentos”. Los textos hablan del gran
aumento de la demanda que no está siendo atendida por
la oferta prevista de profesionales de variadas formaciones
en los próximos cinco años. Por otro lado, un
gran contingente de jóvenes que egresan de nuestras
universidades de ingeniería, administración,
economía o derecho, para citar sólo algunas,
se están viendo enfrentados a una enorme dificultad
para encontrar empleo. ¿Qué sucede entre estos
jóvenes y los talentos que las empresas requieren?
Comenzaré
por definir lo que es un talento. “Talento es quien
tiene las competencias para resolver problemas inéditos
y complejos o inventar nuevas soluciones”. Esta definición
me parece la mejor. La leí en la revista The Economist
publicado en la portada del mes de octubre de 2006. Como usted
ve, el talento no necesita hablar siete lenguas, haber vivido
en un país anglosajón o tener dos MBA. Talento
es lo que hace la diferencia constante, dentro y fuera de
la empresa.
Un
talento tiene una biografía propia de vida que debe
mostrar claramente los desafíos que ha superado en
su historia y que generan sus competencias.
No
hay duda de que un buen diploma de universidad prestigiosa
ayuda, que el dominio de por lo menos el inglés es
fundamental, pero el talentoso se diferencia no sólo
en el conocimiento que posee sino en que sabe cómo
puede aplicarlo y, más importante aún, en su
actitud frente al mundo, en ese brillo desafiador en el mirar
y en muchas cosas valóricas. Además de eso,
el talento es un moderno “trabajador del conocimiento”.
El planifica su vida y su carrera sin quedarse esperando a
que la organización donde trabaja haga eso, él
es fiel a la cultura y a la causa de la empresa, y no al empleo.
El comparte y multiplica sus conocimientos y sus relaciones
en redes virtuales.
La
Guerra de los Talentos va a suceder porque es difícil
identificarlos. Los modelos tradicionales de selección
sólo sirven para el trabajador organizacional, que
vive dentro de los padrones diseñados en el pasado.
Encontrar el talento significa ir más al fondo en la
entrevista, en los resultados obtenidos en sus cargos anteriores,
dar oportunidades, quebrar paradigmas, miran más allá
del horizonte común. Los talentos están ahí,
su apariencia es común, su forma de ser es simple y
por eso la gran guerra es poder identificarlos, atraerlos
y después retenerlos. Pero lo más preocupante
es que muchos jóvenes son grandes talentos pero, socializados
por las escuelas con currículos tradicionales, se presentan
como trabajadores organizacionales, y no como trabajadores
del conocimiento. El mercado está repleto de los organizacionales
y carente de los del conocimiento.
Al
respeto, ¿cómo está usted? Sus colegas
amigos, ¿lo ven como un talento o un profesional organizacional
de esos que abundan con currículos llenos de bote a
bote?
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