| |
|
|
| |
Jorge
Fernández Belda es Licenciado en Relaciones Públicas
(UK). Certificate Professional in Strategic Management
(Northern Illinois University, Chicago–USA). Posgrado
en Antropología Empresarial (UB). Especialista
en Change Management, con formación en USA y
Brasil. Consultor internacional de amplia trayectoria
en la implementación de mega proyectos de Cambio
Organizacional en Argentina y Latinoamérica.
Socio de CB & Asociados Consulting & Business
(www.cbyasociados.com).
Co-autor de la metodología “Beyond The
Training”© de exitosa aplicación en
empresas latinoamericanas. Anteriormente se desempeñó
como Gerente del Centro de Desarrollo Gerencial de Arthur
Andersen y de la División ”Strategy, Organization
& People” de dicha consultora, además
de haber sido Director del Programa de Formación
en Management para Mandos Medios del Centro de Desarrollo
Gerencial de Arthur Andersen. También es Docente
de Grado y postgrado en la Universidad de Belgrano (Buenos
Aires) e Instructor de la Escuela de Mandos Medios de
la Universidad Austral (Buenos Aires). |
|
| |
|
|
SHT:
¿Cuál fue el aprendizaje en el campo del cambio
organizacional durante y después de la crisis del 2001-2002?
¿Cambió el cambio?
JFB:
En Argentina, en particular hasta 2001, el escenario económico
estaba caracterizado por una cierta, y hasta podríamos
decir, engañosa previsibilidad en términos de
indicadores económicos. Esto hacía que la idea
de cambio a nivel organizacional, no estuviera lo suficientemente
instalada. A partir de la llamada “crisis del 2001”,
nos damos cuenta que lo previsible dejaba de ser el paradigma,
para empezar a hablar de uno nuevo, signado por lo imprevisible
y hasta lo contradictorio, lo que yo llamo la gestión
de la contradicción o del “a pesar de”:
sobrevivir a pesar de la reducción de costos, crecer
a pesar de contar con menores presupuestos, motivar al personal
a pesar de no poder pagarle mejor, etc.
Este
escenario lleva a instalar la idea de generar cambios y, por
extensión, aprendizaje organizacional basado en cuatro
pilares fundamentales de gestión: a) diagnosticar situaciones,
b) tomar decisiones responsables y efectivas, c) influir y
liderar a las personas hacia el logro de objetivos en el paradigma
del “a pesar de”, y, naturalmente, d) implementar,
contrastando ese proceso con los objetivos de negocio.
Creo
que recién estamos saliendo de la primera fase de este
proceso de aprendizaje, o sea la capacidad de diagnosticar.
Veo en las empresas excelentes diagnosticadores y fieles intérpretes
de la realidad del negocio, o redactores de bonitos informes
de gestión; pero aún observo grandes dificultades
para pasar a la siguiente fase del proceso de aprendizaje:
tomar decisiones y asumir riesgos gerencialmente responsables.
Los gerentes, en general, no saben decidir; siempre esperan
que la decisión la tome otro. Tal vez esto, en el caso
argentino, sea consecuencia de esa pseudo previsibilidad de
la que hablaba al principio. Por eso, el principal aprendizaje
en este escenario pasa por aprender a decidir; y eso implica
un cambio.
Esa
crisis se tradujo en cambios mayormente orientados a reducir
costos, que impactaron directamente sobre el sentido de seguridad
de los empleados. El cambio, en ese contexto, significaba
miedo. El crecimiento de estos últimos años,
¿modificó los sentimientos de las personas frente
a las políticas de cambio en las empresas?
Toda
situación de cambio genera incertidumbre, sentimientos
encontrados e incluso miedo, más allá de la
situación macro económica dentro de la cual
se opere dicho cambio. Hoy, pese a que hay crecimiento, asisto
como consultor a empresas que atraviesan procesos de cambio,
y el miedo está presente. Eso no es malo; el tema pasa
por administrar eficientemente la transición, es decir,
el camino entre la situación actual y la pretendida.
Una
transición eficiente se implementa asistiendo a las
personas directamente involucradas a que gradualmente incorporen
las nuevas prácticas que se le solicitan con los objetivos
de la empresa, reduciendo en lo posible la angustia y el costo
emocional que toda situación de cambio genera, incluso
independientemente que el escenario macroeconómico
sea muy distinto al de 2001, y las causas del miedo sean otras;
tal vez no tanto a ser despedido, sino a asumir nuevas responsabilidades
y decidir.
Por
eso sostengo que en un futuro no muy lejano ya no hablaremos
de facilitar cambios; el cambio llegó para quedarse.
Lo que debemos administrar son transiciones, desde los dos
ejes diferenciadores de cualquier empresa: personas y clientes.
¿Hacia
dónde se orientan los cambios en la etapa actual?
Superadas
las eufemísticamente llamadas “reestructuraciones
masivas”, y más allá de la situación
concreta generadora de cambios que van desde una fusión
hasta la implementación de un sistema operativo, los
cambios hoy se orientan a alinear competencias, comportamientos
y actitudes de la gente a objetivos y metas de negocio.
En
el marco de la gestión de la contradicción,
las empresas cada vez más se preguntan cuáles
son sus verdaderas ventajas competitivas, y de a poco aprenden
que las mismas no pasan por los procesos o los productos,
sino por la capacidad de reinventarse de manera continua.
Esto supone un aprendizaje, por lo tanto supone también
el recorrer una continua transición.
Por
eso el cambio, o mejor dicho, la transición, cada vez
más se orienta a entender que las ventajas competitivas
se construyen a diario y no son una simple declamación
marketinera. Las mismas son resultado del producto de administrar
la información, generar aprendizaje colectivo y desarrollar
talentos alineados a los objetivos de negocio. Esta es la
nueva orientación del cambio organizacional.
¿Hay
una perspectiva “ética” en las estrategias
de cambio organizacional? Me refiero, por un lado, a una perspectiva
desde lo filosófico, y en qué medida los responsables
del cambio son conscientes de esta cuestión. ¿No
se termina imponiendo a veces el “salvajismo”?
Toda
intervención que supone cambio, necesariamente debe
contemplar una revisión de los artefactos culturales
de la organización objeto de cambio. Dentro de ellos,
el código ético y especialmente los valores
corporativos, son la esencia. No sé si esto implica
una perspectiva “filosófica”; sí
sé que las organizaciones que no revisan sus creencias
más profundas, es decir sus valores, no logran instalar
procesos de cambio perdurables y especialmente sólidos,
por lo que el proyecto de cambio no es creíble de entrada.
Precisamente,
el “salvajismo” tiene que ver con la falta de
integridad entre lo que proclaman los valores y la práctica
empresarial: organizaciones entre cuyos valores se proclama
el “respeto al ser humano” son las primeras que
atentan contra la participación o la libertad de expresión,
instalando un clima donde predomina el temor a manifestar
desacuerdos con un superior, por ejemplo.
Lamentablemente,
a menudo los responsables de implementar procesos de cambio
no son plenamente conscientes de esta realidad, creyendo que
un cambio se instala entregándole a la gente un manual
de cómo utilizar el nuevo proceso, y yendo a un curso
de liderazgo. De esta manera se reduce el problema al desarrollo
de capacidades, cuando en realidad el problema pasa por la
revisión de los valores de la empresa.
Veo
a menudo empresas que desarrollan capacidades en su gente,
que luego no se pueden llevar a la práctica porque
las mismas no tienen que ver, o directamente son contrarias,
a los valores de dicha empresa.
¿Cuándo
las empresas recurren a una consultoría externa? ¿Cuando
tienen un problema cuyo diagnóstico no logran articular,
o cuando conocen el diagnóstico y no saben cómo
resolverlo?
Hay
un poco de las dos cosas. Hace poco asistimos a una empresa
que luego de haber realizado un diagnóstico previo
a la implementación de un proceso de cambio, concluyó
que su necesidad no pasaba tanto por desarrollar las capacidades
de sus gerentes, sino por la revisión de su cultura
organizacional y sus componentes; y recién a partir
de allí alinear las competencias y conocimientos necesarios
a sus objetivos de negocio.
En
la otra vereda, nos encontramos con diagnósticos muy
precisos, pero que no logran implementar, entre otras razones,
porque como dije antes, no hay capacidad de decisión.
En este sentido, siempre recuerdo el dicho de uno de nuestros
clientes en Colombia: “Ustedes vienen diez días,
y nos escupen tres verdades que nosotros no somos capaces
de ver…”. Detrás de esta declaración,
se esconde el problema: ¿de qué nos sirve un
bonito diagnóstico, si tiene que venir alguien de afuera
a ayudarnos a decidir?
¿Cuáles
son los mayores errores (o los más frecuentes) en materia
de implementación del cambio organizacional?
Todo
proceso de cambio organizacional debe ser visto de manera
holística, integral o sistémica. Por lo tanto
está compuesto por una serie de indicadores que desde
su interrelación son esenciales para que un cambio
resulte exitoso: desde nuestra perspectiva, ellos son:
-
Detectar la necesidad de cambio.
- Generar visiones compartidas.
- Compromiso de los “número uno”.
- Participación de todo el personal.
- Integración de los procesos de cambio.
- Medidas de control y evaluación de los cambios operados.
- Contrastación continua con los objetivos de negocio.
Por
lo tanto los errores más frecuentes en materia de implementación
de procesos de cambio, tienen que ver en general, con el no
cumplimiento de alguno o de todos estos indicadores. De acuerdo
con nuestra experiencia, los procesos de cambio perdurables
son los que logran sostener el cumplimiento de estas verdaderas
“best practices” en materia de implementación
de procesos de cambio.
¿A
qué le tienen miedo las personas?
A
que le mientan. A la gente hay que hablarle clara, y por sobre
todas las cosas, sinceramente. Esto no quiere decir tener
las respuestas para todo. Frente a situaciones de cambio impera
la incertidumbre y la desinformación, lo que en muchos
casos deviene en bajos rendimientos y un enrarecido clima
laboral. Frente a esto, la empresa debe crear lo que yo llamo
las “estructuras de credibilidad”, entre las que
destaco un plan de comunicación para audiencias múltiples
que explique el por qué y los alcances del cambio,
una estructura de facilitadores de procesos de cambio que
tengan como misión contener a la gente ayudando al
cumplimiento de sus objetivos, y por sobre todas las cosas,
explicarle qué lugar va a ocupar la persona en la nueva
foto.
Me
ha tocado asistir a empresas en dolorosos procesos de cambio,
y a la larga lo que las personas más agradecieron es
que de entrada no les mintieron ni les pintaron un mundo ideal,
y me estoy refiriendo a personas a las que no les tocó
salir en la foto, precisamente.
Muchas
empresas en América Latina tienen sus centros de decisión
en casas matrices ubicadas en otros lugares del planeta. Cuando
los cambios vienen ordenados desde esas otras latitudes suelen
cobrarse víctimas entre el personal jerárquico
de las sucursales latinoamericanas. ¿De qué
manera impacta esto sobre los planes de cambio y sobre las
personas?
Impactan
considerablemente. Muchos responsables locales de procesos
de cambio intentan “enchufar”, porque esa es la
palabra, formas de implementar procesos de cambio provenientes
de sus casas matrices, que poco o nada tienen que ver con
la cultura y forma de hacer las cosas localmente.
Un
ejemplo de esto: nos tocó experimentarlo hace poco,
cuando una empresa importó un mecanismo millonario
de mantenimiento preventivo desde su casa matriz en Inglaterra.
Dicha
implementación contenía un módulo sobre
“gestión del desempeño personal frente
a procesos de cambio”, cuya ejecución resultó
un rotundo fracaso, porque sus criterios elaborados en Inglaterra
nada tenían que ver con los patrones culturales de
los obreros, supervisores y gerentes de esta empresa ubicada
en el Norte de Argentina, responsables de poner en práctica
el programa de mantenimiento preventivo.
Es
ahí cuando la empresa nos decide contratar, debiendo
empezar de cero. Recuerdo muy bien el descreimiento y la desmotivación
imperantes, ya que habían sido ignorados dos de los
indicadores de éxito/fracaso en procesos de cambio
que mencioné antes: participación de todo el
personal e integración de los procesos de cambio. |