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Parodiando
el título de la famosa película, podemos decir
que aún hay empresas que se dedican no a concebir,
desarrollar o planificar el surgimiento de sus futuros cuadros
gerenciales, sino más bien, y casi instantáneamente,
a producirlos, a fabricarlos, obteniendo a menudo un producto
con muy buen packaging pero poco sustentable en el
tiempo en términos de las capacidades requeridas por
la organización que, paradójicamente, los ‘produjo’.
El
germen para el desarrollo de gerentes: análisis de
recursos y capacidades
Hacia
mediados de los años ochenta surgió la teoría
de recursos y capacidades, centrada en analizar dichos elementos,
siempre presentes en las organizaciones, como base para la
formulación de su estrategia.
El
enfoque, por lo tanto, se concibe dentro del análisis
estratégico y se lo considera precursor de lo que hoy
se conoce como ‘gestión del conocimiento’.
Esta teoría se resume en cuatro postulados:
-
Las organizaciones son diferentes entre sí, en función
de los recursos y las capacidades que poseen en un momento
determinado. Estos recursos y capacidades no están
disponibles para todas las empresas en las mismas condiciones,
y esta diversidad explica sus diferencias de rentabilidad.
-
Los recursos y capacidades tienen un papel cada vez más
relevante en la estrategia corporativa, y forjan su crecimiento.
-
La creación de capacidades no es instantánea.
No se fabrican, sino que son producto de un proceso de planificación
y aprendizaje largo y a menudo costoso.
-
El beneficio de una empresa estará directamente ligado
a las características de su entorno y de sus recursos
y capacidades, de los que –se espera– sabrá
disponer.
Estas
aseveraciones nos llevan a centrarnos en el concepto de ‘capital
intelectual’. Esta denominación se aplica al
conjunto de activos intangibles que, aunque no estén
reflejados en los estados contables tradicionales, generan
o generarán valor, como consecuencia de aspectos relacionados
con el capital humano, lo cual permitirá a algunas
empresas aprovechar mejor las oportunidades que otras.
Con
esto me animo a sugerir un concepto de gestión del
conocimiento concebido como el conjunto de procesos y
sistemas que permiten que el capital intelectual de una organización
aumente de forma significativa mediante la gestión
de sus capacidades de resolución de problemas de forma
eficiente, con el objetivo final de generar ventajas competitivas
sostenibles en el tiempo.
El
concepto hace referencia a las combinaciones de activos inmateriales
que permiten funcionar a la empresa: conocimiento de los empleados,
satisfacción de los empleados, fidelidad de los clientes,
cuota de mercado, etc.
La
fuente principal de ventajas competitivas sostenibles reside
fundamentalmente en lo que la empresa ‘sabe’,
como condición necesaria; pero la condición
de suficiencia es saber cómo utiliza su conocimiento
y su capacidad para aprender y reinventarse, o sea, qué
hace con lo que sabe.
Más
allá de los modelos y metodologías a los que
se recurra, las organizaciones que aprenden son las que logran
transformar el conocimiento individual en organizacional,
y éste en rentabilidad. En este contexto, queda claro
que el desarrollo de capacidades y recursos gerenciales no
se obtiene en un aula, mediante un curso intensivo de liderazgo
o habilidades gerenciales.
De
la fabricación a la concepción
de gerentes
Para
concebir gerentes alineados actitudinal y aptitudinalmente
con la estrategia de una organización, ésta
debe empezar por entender que, si bien el conocimiento de
una empresa es uno solo, predominan dos exteriorizaciones
que en sí no resultan excluyentes, sino que deben complementarse.
- El
conocimiento individual: también conocido
como know-how, constituye el conjunto de actitudes,
habilidades y experiencia que determinan el desempeño
de una persona dentro de la compañía. No necesariamente
resulta conocimiento compartido a nivel organizacional.
También se lo denomina conocimiento tácito.
-
El conocimiento organizacional: aquel que
está documentado a través de normas, manuales
de procedimientos, programas de entrenamiento, planes de
desarrollo, y que es compartido. También denominado
conocimiento explícito.

Adaptado
de El management en el siglo XXI, Ed. Granica, 1999.
Este
proceso supone crear condiciones tanto en la persona como
en la empresa, por lo que las empresas necesariamente tendrán
que regenerarse de manera continua, lo cual supone, a su vez,
un aprendizaje sostenido. Deberán adquirir de manera
continua nuevas competencias, reformular sus procedimientos
y, especialmente, escuchar las necesidades de sus clientes
internos y externos.
Esto
implica incorporar nuevos modelos o formas de hacer negocios;
es decir, desarrollar nuevos paradigmas, acordes a las tendencias
del mercado. La capacidad de aprendizaje organizacional está
estrechamente ligada a la flexibilidad de la cultura organizacional
a la hora de actualizar paradigmas básicos relacionados
con su forma de implementar su estrategia.
Este
‘reinventarse’ continuamente tiene su origen en
lo que denomino las zonas de incompetencia por las que muchos
mandos medios y gerentes navegan. En este sentido, resulta
oportuno diferenciar conceptos que, a menudo, son considerados
sinónimos: aptitud y competencia. La aptitud tiene
que ver con el desarrollo de carrera y el conocimiento general
adquirido, producto de dicha experiencia y de la formación
específica.
En
otros artículos me he referido al concepto de competencia;
simplificando, digamos que dicho término se refiere
más a las características y la identidad específica
del puesto que un gerente, supuestamente apto, ocupa.
Sobre
esta base, y considerando el principio de Peter, que dice
algo así como que “todos ascendemos hasta sobrepasar
nuestro techo de competencia”, afirmamos, desde la observación
diaria, que las empresas promueven a puestos gerenciales personal
apto pero, a menudo, en estado de incompetencia. Hecho este
comentario, y para que nadie se sienta ofendido, digamos que
en las empresas encontramos muchos gerentes incompetentes,
ya que las competencias con las que cuenta dicha empresa no
contribuyen al desarrollo de su aptitud como profesionales.
Es decir que vemos gerentes muy aptos pero incompetentes,
debido a que las competencias no acompañan al desarrollo
de las personas en las organizaciones. Esto se observa en
la dificultad para decidir en niveles gerenciales: ¿cómo
es posible que profesionales probadamente aptos sean incompetentes
para tomar decisiones y asumir riesgos gerencialmente responsables?
Muchas
veces los gerentes se sienten aptos, pero no perciben su incompetencia;
es ahí donde el área de Recursos Humanos, a
través de la actualización continua de su modelo
de competencias y el desarrollo continuo de ‘mapas de
conocimiento’, entre otras herramientas, deberá
contribuir al desarrollo de sus niveles de decisión.
¿Se ha preguntado alguna vez qué impacto tiene
la incompetencia gerencial en su cuadro de resultados, o dónde
está el conocimiento en su organización?
De
capacitación gerencial a desarrollo de gerentes
El
eje de la concepción de un gerente deberá sustentarse
ya no en ‘horas curso’, sino en un proceso metodológico
orientado a alinear y medir cambios en los comportamientos
individuales y de equipos de trabajo, y su correspondiente
impacto en los objetivos de negocio.
Creo
que el modelo de formación gerencial está actualmente
en crisis; es percibido como lejano al negocio, caro, teórico,
imposible de mensurar en términos de metas de negocio,
y reactivo a cuanta moda llegue, con recetas prefabricadas.
Se continúa brindando conocimiento en lugar de colaborar
en el desarrollo de hábitos de gestión orientados
a compartir conocimiento. El aprendizaje nunca se adquiere
en el aula, sino en la transferencia de lo visto a la realidad
del trabajo.
En
la era del conocimiento, los gerentes no necesitan más
recetas; sí que los ayuden a pensar, a implementar,
y especialmente a dudar. Todo lo contrario a la oferta conductista
de formación gerencial mayoritariamente vigente.
¿Quién
toma la posta?
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