Cada
organización es única. A nivel mucho más
profundo que el denotado por las estructuras formales de una
organización (organigramas, diagramas y estadísticas),
todo grupo humano desarrolla características especiales.
La peculiar cultura de una organización es el producto
de todas sus características: sus integrantes, sus
éxitos y sus fracasos. Al margen de las normas explícitas
de un reglamento, por ejemplo, cada organización desarrolla
una personalidad determinada.
La
calidad de la vida laboral de una organización es el
entorno, el ambiente, el aire que se respira en una organización.
Los esfuerzos para mejorar la vida laboral constituyen labores
sistemáticas que llevan a cabo las organizaciones para
proporcionar a los empleados una oportunidad de mejorar sus
puestos y su contribución a la empresa, en un ambiente
de mayor confianza y respeto. Con excesiva frecuencia, los
funcionarios de una empresa se han empeñado en obtener
la colaboración pasiva y repetitiva de varias personas,
pero poco se ha procurado por conocer las ideas que esas personas
pueden adoptar.
Debido
a que en el pasado las ideas de los empleados con frecuencia
no se utilizaban, el personal sentía poca responsabilidad
por el éxito o el fracaso que obtuviera el gerente
con sus decisiones unilaterales. En casos extremos, se llega
incluso a situaciones de antagonismo, en los cuales se reemplaza
la cooperación con reglas formales. Hay en organizaciones
de este tipo muy pocos casos de trabajo de equipo, que prácticamente
nunca incluyen a empleados de niveles diferentes.
La
calidad del entorno laboral se ve determinada por la manera
en que el personal desarrolla su actividad en la organización.
Aunque los seres humanos suelen procurar objetivos variables
cuando deciden prestar sus servicios a una organización,
las investigaciones hechas sobre el particular durante las
dos últimas décadas revelan dos importantes
aspectos.
En
primer lugar, para lograr mejoras a largo plazo en la productividad,
es indispensable mejorar la calidad del entorno laboral. A
corto plazo, la administración autocrática no
puede mantener progresos significativos en los niveles de
productividad porque el deterioro en el entorno laboral lleva
no solamente a mayores niveles de ausentismo, tasas de rotación
y renuncias, sino también a la lentitud, el desgano
y la indiferencia que caracterizan a las instituciones esclerosadas.
El personal se retira psicológicamente de sus labores
y predomina la actitud de cumplir exactamente con el mínimo
segundo.
La
segunda conclusión a que han llegado las investigaciones
recientes es que la mayor parte de las personas considera
que disfruta de un entorno laboral de alto nivel cuando contribuye
con el éxito de la organización de una manera
significativa. El simple hecho de cumplir con su trabajo es
con frecuencia insuficiente, si su labor no les permite influir
en las decisiones que las afectan.
Actuando
en consecuencia con estos hallazgos, tanto los funcionarios
de la organización como los profesionales de la administración
de los recursos humanos se unen en la necesidad de crear en
su organización un clima en el que verdaderamente se
trate a las personas como expertos responsables en sus puestos.
Cuando
los dirigentes de una organización descubren que sus
integrantes desean contribuir al éxito común
y se empeñan en buscar y utilizar métodos que
permitan esa contribución, lo más probable es
que se obtengan mejores decisiones, más altas tasas
de productividad y una calidad muy superior del entorno laboral.
Un
punto de interés fundamental es determinar si la satisfacción
laboral conduce a un mejor desempeño o si, por el contrario,
es el mejor desempeño lo que conduce a mejores niveles
de satisfacción. La razón que hace difícil
determinar cuál de estos dos factores se origina primero,
radica en que la relación entre el desempeño
y la satisfacción es de naturaleza similar, la posibilidad
de elevar el nivel de satisfacción depende de que las
compensaciones y los estímulos se ajusten a las expectativas.
Si
un mejor desempeño conduce a compensaciones y estímulos
más altos, y si en la opinión de los empleados
la compensación y los estímulos son justos y
racionales, aumentará el nivel de satisfacción.
Por otra parte una política inadecuada de estímulos
puede conducir a la insatisfacción. En cualquiera de
los dos casos, la satisfacción se convierte en retroalimentación
que afecta la imagen propia y la motivación de continuar
desempeñándose mejor.
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