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Hablar
de PYMEs es hablar de unidades de negocios compuestas por
pocos pero muy bien definidos talentos. A las PYMEs no se
les puede ni se les debe observar como grandes empresas, y
por lo tanto su relación con sus colaboradores, aún
llamados empleados o trabajadores, debe estar completamente
diferenciada de la visión que en esos términos
deben poseer las demás organizaciones.
En
las PYMEs el espacio, el mercado y el aspecto financiero,
poseen particularidades y condiciones distintas a aquéllas
de los holdings ya establecidos y que son, por ende, propietarios
de importantes segmentos del mercado. En esas grandes organizaciones
el colaborador se siente identificado por elementos como el
renombre, la trayectoria, lo globalizado o tecnológico
del ambiente laboral y todo lo que ello representa para su
crecimiento personal y profesional. Esas empresas ofrecen
paquetes socioeconómicos amplios y difíciles
de superar o alcanzar si no se posee toda la maquinaria que
ellas ostentan. Por lo tanto, esas compañías
pueden regirse por los paradigmas generalmente aceptados en
el campo de la administración y la gerencia. Es algo
así como decir que en ellas es posible observar cómo
se cumple la física newtoniana. Exacta. Predecible.
Inalterable.
Pero
las PYMEs son como el microcosmos. Poseen su propia física.
Sus condiciones no pueden ni deber ser observadas bajo las
mismas reglas y condiciones de las demás empresas,
y por lo tanto su ejercicio requiere de una nueva manera de
calcular trayectorias, vectores y comportamientos. En las
PYMEs los colaboradores se sienten identificados con la labor
de una manera sentimental, propia y personal, más allá
de las pretensiones económicas y financieras. Como
si de alguna manera el colaborador se enamorara del proyecto,
de la actividad y del sueño de quien la dirige y, como
un símil del aspecto socio-cultural, se repite para
sí que ha de estar involucrado con ella “en la
salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza”.
Las
PYMEs pueden realizar actividades realmente lucrativas que
faciliten su crecimiento y proyección, pero hay que
comprender que una vez que pasa el límite de ingresos
y de personal, su condición ya no es la misma y por
lo tanto tampoco entra en la categoría correspondiente.
Mientras
es una PYME, su capital será limitado y su relación
comercial con sus colaboradores dependerá mucho de
sus ganancias y posicionamiento en el mercado, todo ello en
una relación directamente proporcional. Pero, ¿estarán
los colaboradores dispuestos a ganar cuando la PYME gana y
a perder cuando ella pierde?
Bajo
el enfoque tradicional de la administración de empresas
y las limitaciones exigidas por la ley, las organizaciones
están obligadas a pagar un porcentaje mínimo
de sueldos y salarios y, a su vez, repartir sus ganancias
entre sus colaboradores, aun cuando ello signifique sacrificar
proyectos de crecimiento o mejoras plasmadas en la mente de
quienes las crean y lideran. Pero ese enfoque no puede seguir
presente en la mente de quienes buscan mantenerse competitivos,
perdurar en el tiempo y generar riquezas. Debe ser revisado
y adaptado a la realidad de cada escenario.
Una
de las preocupaciones más comunes que posee el tema
de las PYMEs tiene su génesis en los enfoques de compensación
que se requieren para retener al talento y, a la vez, mantener
el ritmo que ello requiere para no arriesgar el flujo de caja
y la estabilidad financiera de la unidad de negocios.
Ello
ha hecho que los pequeños y medianos empresarios se
paseen por escenarios donde la compensación está
establecida por una renta fija hasta propuestas que pretenden
compensar por competencias, sin olvidar la compensación
variable y mixta. Estas prácticas han traído
el mismo nivel de descontento, desmotivación, malos
entendidos y deserciones que en las grandes empresas, pues
sencillamente no se puede trasladar el pensamiento lineal
a un plano tridimensional, la física de newton al universo
quántico.
En
primer lugar, hay que entender que una cosa es “pagar
salarios” y otra muy distinta es “compensar”.
Usualmente se entienden como sinónimos cuando en realidad
están muy distantes de serlo. Cuando se paga un sueldo
por una tarea, se está cancelando una contraprestación
específica, acordada y limitada por la misma. No se
está compensando. Esa contraprestación surge
del acuerdo tradicional y elemental de la contratación,
donde se le dice al candidato cuánto se remunera por
el cargo al que está optando en el horario, las condiciones
y las exigencias previamente acordadas, y el aspirante acepta
de manera libre y voluntaria. Compensar es diferente. Cuando
se habla de compensación debe entenderse que existe
una serie de elementos a los cuales el colaborador está
renunciando para ejercer la tarea acordada o que, a través
del ejercicio de la misma, será posible alcanzar o
mantener una serie de expectativas que le exigen tiempo, dedicación,
dinero y esfuerzo, que sólo a través de la tarea
le es posible de satisfacer.
Cuando
se compensa se da aquello que falta o se complementa lo que
ya se posee. Por lo que la compensación sólo
es parecida al concepto de valor agregado.
Ahora
bien, una vez aclarado este punto es necesario ampliar detalles
en lo que al símil de la física quántica
se refiere.
En
primer lugar, el proceso de la selección y contratación
del talento en las PYMEs no puede ser parecido al de las grandes
empresas, principalmente porque no son tal cosa y, seguidamente,
porque sus condiciones son limitadas. En la selección
debe hacerse énfasis en el uso de la coestima como
herramienta de nivelación, orientación e intercambio
de expectativas. Esto sólo se logra haciendo hincapié
en los objetivos, las metas y aspiraciones que se posee del
cargo (o nivel de conocimiento) que se espera ocupar y la
proyección real de crecimiento, desarrollo y reto que
la posición posee y compararlas de manera directa y
sin el uso de la negociación con el candidato que se
desea contratar.
No
se debe olvidar que las personas que buscan empleo en las
grandes empresas poseen amplias expectativas de crecimiento
y desarrollo, usualmente generadas por la fama y estabilidad
que poseen las mismas. Pero las personas que ingresan a una
PYME están motivadas por otros elementos. Por un lado,
algunas sólo quieren entrar en contacto con la práctica
y contrastarla con la teoría que han aprendido. Otras
están cansadas de las grandes corporaciones y la burocracia
que las caracteriza y se encuentran en búsqueda de
relaciones más cercanas, o bien carecen de estudios
formales pero poseen suficiente experiencia en ciertos campos,
y las PYMEs son menos rigurosas y exigentes en cuanto a la
formación académica. Por el otro lado, son personas
que procuran la comodidad, son emprendedoras o simplemente
prefieren probar suerte en ellas. Lo anterior se traduce en
que estas personas no están lo suficientemente “enamoradas”
de las PYMEs como para repetir los votos mencionados, y por
lo tanto coestimarlas resulta, más que una parte del
proceso, una exigencia.
Cuando
se coestima no se negocian ni se sacrifican propósitos,
motivos o expectativas. Estas deben encajar de tal manera
que la relación sea prácticamente “amor
a primera vista” y, por lo tanto, la función
del administrador de la unidad de negocios será impedir
que se apague la llama de ese vínculo, manteniendo
siempre la motivación del individuo.
Pero
mantenerlo motivado no debe entenderse jamás como la
práctica tradicional y preconcebida de ir incrementando
su salario como consecuencia de la evaluación de su
desempeño y/o el uso de la promoción o premios
de naturaleza salarial tan comunes en las grandes empresas.
Mantenerlo motivado significa compensar su ejercicio laboral
agregando valor a su poder adquisitivo, sin que ello necesariamente
se traduzca en un incremento de sueldos.
No
se pueden ignorar las limitaciones económicas que poseen
las PYMEs, pues de no poseerlas no entrarían en esa
categoría. Es imposible imaginar un escenario donde
se posea un tabulador que constantemente deba ser revisado
y ajustado a expensas de la salud financiera y operativa de
la empresa, sin que se entienda por ello la negación
de su existencia. Lo que se pretende decir es que, a diferencia
de las grandes empresas, las PYMEs no pueden darse el lujo
de hacer uso de tales herramientas en las mismas condiciones
que sus “hermanas mayores”. También resulta
ingenuo suponer que se mantendrá un clima de satisfacción
laboral si se implementa de manera definitiva un sistema de
contraprestación variable divorciada de las expectativas
e intereses de los colaboradores simplemente para salvaguardar
la salud de la empresa. O que puede coexistir un enfoque mixto
que responda más a los objetivos de la PYME que a quienes
hacen posible su existencia. Es necesario otro enfoque.
En
este escenario, donde lo tradicional puede ser una medicina
más contraproducente que la enfermedad, las alianzas
estratégicas y los “planes a la medida”
se convierten en una opción poco explotada por las
PYMEs, pero que de hacerlo terminaría siendo extremadamente
beneficioso.
Al
momento de la contratación, la PYME debe establecer
cuáles son las prioridades del candidato, éstas
divididas en: salud, educación, familia, entretenimiento,
seguridad, accesorios (vehículos, electrodomésticos,
tecnología) y otros elementos que, de poder cubrirlos,
el candidato no se sentiría presionado por la carencia
de ellos y, por ende, podría desviar sus energías
al cumplimiento de sus labores dentro de la unidad de negocios.
De
acuerdo con las prioridades previamente comentadas, se ofrecería
un “paquete de compensación” que, aunado
a un monto preestablecido de contraprestación salarial,
compensaría sus expectativas incrementando el poder
adquisitivo de lo que percibe por la labor (valor nominal),
extendiendo sus posibilidades de satisfacción (valor
real).
Pero
¿cómo una PYME puede lograr tales cosas? Es
obvio suponer que una empresa pequeña o mediana, con
apenas seis o doce trabajadores, se encuentra en desventaja
a la hora de negociar intercambios y beneficios con empresas
proveedoras. No puede obviarse que la esencia del negocio
es generar utilidades y que lo anterior no puede ni debe ser
observado como el simple ejercicio de un subsidio. ¿Cómo
lograr, entonces, ofrecer una compensación a los empleados
sin que la empresa se vea afectada en su economía?
En
primer lugar, la PYME debe asimilar el hecho indiscutible
de su proliferación y crecimiento en las condiciones
actuales en que se encuentra el mercado. Las PYMEs conforman
una realidad para la economía y son a la vez clientes
y proveedoras de otras empresas de envergadura o, también,
de otras PYMEs. Por lo tanto sólo a través de
del uso de la “asociación estratégica”,
no para establecer metas comunes, regulaciones, limitaciones
o políticas, estas unidades de negocio pueden establecer
alianzas que las beneficien en conjunto, haciendo uso del
descuento por volumen que suele existir en cualquier negocio
cuyas operaciones requieran de la satisfacción de amplia
demanda.
Por
ejemplo, asociar a seis personas en un seguro de Hospitalización,
Cirugía y Maternidad (HCM) difícilmente significará
para la empresa aseguradora un negocio importante, pues seis
personas no representan un ingreso significativo por ese concepto.
Pero si varias PYMEs se unen y en conjunto aseguran a cien
colaboradores, indistintamente de sus actividades y ejercicios
comerciales, la cifra resultará más atractiva
y por ende el monto de la póliza, como el costo de
la misma, podrán negociarse y adquirirse en mejores
circunstancias.
Ese
mismo esquema resultaría para convenios con farmacias,
casas de estudio, tiendas, servicios de recreación
y esparcimiento, hoteles y tantos otros que complementarían
el esquema salarial del colaborador.
Por
lo tanto, si una persona posee como prioridad sus estudios
y, bajo el esquema tradicional, se le compensa de manera variable,
por ejemplo, pero las condiciones del entorno no le permiten
lograr las metas impuestas y por lo tanto falla en su intento
de estudiar, estará en desventaja competitiva y comparativamente
respecto de un colaborador cuya PYME le haya ofrecido un convenio
con una institución educativa donde apenas debe destinar
parte de su sueldo (o nada del mismo) para satisfacer su expectativa.
¿No lograría esto una verdadera identificación
con la empresa? ¿No mantendría este esquema
“enamorado” al colaborador?
Esta
asociación estratégica permitiría a las
PYMEs acceder a bandas que de manera independiente le serían
ajenas y, a través de los paquetes de compensación,
mantener satisfechos a sus empleados sin sacrificar su salud
financiera.
Pero
acá no termina la propuesta. La incorporación
de esa asociación estratégica al concepto de
negocio también aseguraría la venta del producto
o servicio de cada PYME por intercambio, lo que facilitaría
el comercio y a su vez el consumo. Sería como trasladar
los enfoques de los Tratados de Libre Comercio que se discuten
de manera macroeconómica a escenarios más locales
y sensiblemente más cercanos.
Sin
embargo, ante la ausencia de esa asociación estratégica
de PYMEs que se ha comentado, la compensación planteada
en este caso no resulta imposible de lograr, pues independientemente
de su condición le resulta más factible a la
unidad de negocios acceder a créditos, descuentos,
excepciones y condiciones especiales que a cada colaborador
de manera individual.
Esa
ventaja que posee la PYME debe ser explorada y explotada de
manera visible, tangible y evidente para sus colaboradores,
pues de lo contrario la identificación que los una
a ella se irá desvaneciendo ante la inexistencia de
elementos que trasciendan la simple contraprestación
y descuiden la compensación, dirigiendo, entonces su
interés a la primera, pues resulta evidente que en
esta sociedad de consumo sólo a través del dinero
se puede acceder a ciertos niveles de satisfacción.
Pero cuando la compensación es debidamente atendida,
el dinero es sólo parte de lo que se percibe por lo
que se invierte en la empresa (tiempo, capital intelectual,
esfuerzo, dedicación, etc.).
Es
prudente señalar que este esquema otorga al colaborador
la responsabilidad de escoger aquel “paquete de compensación”
que más se ajusta a sus expectativas, por lo que la
satisfacción o no de sus necesidades, una vez elegidos,
son de su competencia. Claro está, la PYME debe facilitar
el escenario, procurar las condiciones y generar las alianzas
estratégicas correspondientes, pero lo que surja de
la elección corresponde al individuo.
Esto
se traduce en contratos individuales, propios y personales
que no necesariamente se parecerán a los que poseen
los demás colaboradores. Exigirá adaptación,
flexibilidad, madurez y verdadera identificación con
las condiciones de la PYME, pues de su estabilidad y desarrollo
dependerá que la compensación, y no necesariamente
el sueldo, mejore, y eso sólo se logrará a través
del esfuerzo y el trabajo de todos sus integrantes.
El
símil más parecido a lo que se ha comentado
es el ejercicio económico que posee el entorno familiar.
Si bien es cierto que no se escoge a la familia, no es menos
cierto que una vez que se ha comprendido el concepto de lo
que ella encierra, no importarán las condiciones por
las cuales atraviesen, ni los altibajos que experimenten,
siempre que exista identificación y se observe un genuino
interés por el líder de compensar de manera
justa y correctamente a sus integrantes, el voto siempre será
el mismo y se estará de manera incondicional “en
la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza”,
pues las expectativas que se poseen son comunes para todos
y son las mismas de todos.
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