Introducción
La
información es la materia energética de la sociedad
y dentro de una empresa se convierte en un instrumento estratégico
para operar sobre la realidad y el futuro del negocio.
Los
nuevos modelos de comunicación interna exigen una revalorización
de aquellos agentes productores de discursos "no oficiales"
que habitan en la amplísima red tejida por las relaciones
informales. La aceptación de esta red como parte integrante
y necesaria de la vida organizacional será el primer
paso a dar si se desea aprovechar la riqueza de sus canales
y transformar su comunicación en una ventaja competitiva.
Redes
y canales
Le
propongo que antes de analizar la importancia del territorio
de lo informal en la empresa, definamos brevemente qué
entendemos por redes, canales y comunicación formal
y no formal.
En
pocas palabras, podemos caracterizar a la Red Formal (RF)
como aquella que entrelaza a los miembros de una organización
siguiendo una estructura jerárquica o predeterminada.
El mejor ejemplo de Red Formal se plasma en el organigrama
de cualquier empresa.
Por
el contrario, una Red Informal (RI) vincula a sus integrantes
obedeciendo sólo a la empatía natural que entre
ellos se genere, independientemente del cargo o la posición
que ocupen. En una red informal no sólo no cuenta el
organigrama sino que incluso, de modo solapado, emerge una
jerarquía “paralela" que puede visibilizarse
a través de un sociograma. Y si bien es cierto que
no todas las organizaciones favorecen de igual modo su surgimiento
(pensemos, por ejemplo, en una organización de tipo
religiosa o militar donde el peso de lo formal es muy fuerte
y coercitivo), las redes informales siempre terminan por desplegarse,
ya que la interacción humana necesariamente desborda
lo preestablecido. Y está bien que así sea.
Ahora
bien, estas redes formales e informales que acabamos de describir
operan sobre dos tipos de canales de comunicación:
- Canales
de Comunicación Formales (CCF)
-
Canales de Comunicación Informales (CCI)
Los
Canales de Comunicación Formales se circunscriben a
la red formal y cruzan (o deberían cruzar) el organigrama
de la empresa siguiendo cuatro trayectorias: ascendente, descendente,
horizontal y diagonal.
Cada
uno de estos recorridos favorece el contacto entre distintos
niveles, departamentos y áreas de la organización,
al tiempo que persiguen la consecución de objetivos
particulares: construcción de identidad, consenso,
participación, feedback, cohesión, trabajo en
equipo, etc. Es importante tener en cuenta que la conquista
de cualquiera de estos objetivos es posible gracias a que
los CCF son diseñados y administrados por la empresa,
pudiendo ejercer, de este modo, un control significativo sobre
la información que circula por ellos.
En
contraste, los Canales de Comunicación Informales responden
a una red informal y son espontáneos. Su naturaleza
compleja radica en que, por un lado, las redes informales
no son ajenas a la comunicación formal (recordemos
que pese a su “naturalidad” están insertas
dentro de una red formal y son permeables a sus canales),
pero al mismo tiempo desbordan la estructura de la organización
y abren canales alternativos por donde hacer circular su propia
información. Por lo tanto, no sólo reinterpretan
lo que se dice “oficialmente”, sino que incluso
generan y difunden su propia voz.
Ciertamente,
que la información que se produce “en”
y “sobre” la empresa no provenga exclusivamente
de sus fuentes oficiales es una de las realidades que más
preocupa al management de cualquier organización. Pero
lo cierto es que en el proceso continuo y tal vez inconsciente
de desvalorización de las redes informales, los cuadros
directivos han caído en el error de querer condicionar
la comunicación a un organigrama de jerarquías
en el que sólo el nivel superior tiene la palabra.
Este monólogo unidireccional les impide aprovechar
en su totalidad el potencial y las ideas que puede aportar
el personal, ya que la comunicación termina por centrarse
fatalmente en los canales convencionales (léase: formales
y descendentes), eliminando el feedback y los recorridos alternativos.
Pero
lo curioso es que sin salirnos del organigrama se pueden establecer
vectores ascendentes, horizontales y transversales de comunicación.
Abro
un interrogante: si el management no se atreve siquiera a
abrir nuevas direcciones de canales formales... ¿por
qué intentaría trabajar dentro del "misterioso"
territorio de lo informal?
¿Formal
versus Informal?
Tal
vez sea hora de decir que las redes y los canales formales
e informales son complementarios y que se necesitan mutuamente.
Sin embargo, esta declaración de “buena voluntad”
no significa que la convivencia entre ambos sea pacífica.
Por
ejemplo, pensemos qué sucede cuando el personal de
una empresa se entera sistemáticamente de las noticias
(principalmente de las negativas) a través de rumores.
Nada bueno, ¿no le parece?
Entonces,
ya estamos en condiciones de alertar que muchos inconvenientes
surgen cuando la información que circula a través
de los CCI supera a aquella que se emite en forma "oficial".
Sin embargo, se suele acusar a la comunicación “no
oficial” de provocar por sí misma estas situaciones
críticas. No es extraño escuchar a muchos directivos
afirmar que la culpa de todos los males la tiene el "radiopasillo".
Lo
cierto es que –aunque parezca una perogrullada decirlo–
las redes y los canales no son ni buenos ni malos. Es esencial
derribar los prejuicios y "convencer" al management
de que las redes informales no son algo negativo per se. Tan
sólo si el mundo de lo informal adquiere un rol dominante
podemos hablar de problemas serios de organización
y comunicación.
Por
lo tanto, se nos revela la importancia de trabajar desde la
prevención y analizar el estado, la magnitud y el funcionamiento
de las redes para elaborar políticas de comunicación
exitosas. Aun a riesgo de ser reiterativo: el objetivo no
es eliminar la comunicación informal sino prestarle
la atención que se merece.
La
información es una necesidad
Sin
ánimo de fijar un axioma, podemos decir que la comunicación
informal incrementa su tamaño e influencia cuando la
comunicación oficial es escasa, incoherente, inverosímil
o llega fuera de tiempo y lugar.
¿Por
qué se da esta relación inversamente proporcional?
Porque el hombre es un animal que no puede vivir sin certezas,
aunque sean –valga el oxímoron– inciertas.
Entonces, la información "no oficial" es
llamada a "rellenar" la incertidumbre que provoca
la desinformación.
Sencillamente,
si una organización comunicara en tiempo y forma, no
le dejaría más que un lugar secundario a los
CCI. O mejor aún: podría promover una rica y
beneficiosa comunicación informal aprovechando los
enormes recursos que brinda. No obstante –y es válido
reconocerlo–, pese a todas las previsiones siempre "explotan"
algunos sucesos extraordinarios que desbordan las estructuras.
¿Qué hacer frente a estas situaciones? Una propuesta
es canalizar rápidamente dentro de la comunicación
formal toda aquella información generada informalmente
para que trascienda ese nivel. Por ejemplo, si se advierte
que circula un rumor, salir a desmentirlo o a confirmarlo
sin pérdida de tiempo.
Por
último, tengamos en cuenta que mientras las RI y los
CCI nacen en el intercambio diario y permanente entre el personal,
la RF necesita ser construida, ya que es una estructura artificial.
Por su parte, los CCF deben implementarse y sostenerse, y
la comunicación formal debe emitirse y legitimarse.
Es decir, lo formal demanda de la organización una
puesta activa de recursos, tiempo, planificación y
coherencia.
Conclusión
La
ética comunicativa (también llamada ética
dialógica o discursiva) fue un concepto acuñado
por Jürgen Habermas para describir aquellas acciones
que persiguen el consenso, la cooperación y el entendimiento.
Una
comunicación interna bien diseñada intentará
establecer en la práctica una convivencia que respete
e integre los territorios de lo formal y lo informal a través
de una relación receptiva y abierta con el entorno.
De este modo, la empresa estará en condiciones de aprovechar
algo más que la "mano de obra" de su gente:
podrá sumar y convertir en una ventaja competitiva
la imaginación, la inteligencia y la iniciativa de
todos ellos.
Pero
para lograrlo, será menester:
- No
estigmatizar el universo de lo informal.
- Evaluar
si los Canales de Comunicación Formales responden
a los requerimientos de la organización y del personal.
- Recuperar
el sentido original de la palabra "comunicación".
Después
de todo, la riqueza que se genera en la interacción
espontánea y cotidiana es un capital demasiado valioso
como para ser desperdiciado.
|