El
Síndrome de Estocolmo, mal llamado síndrome
de Helsinki por algunas personas, es el nombre que recibe
el comportamiento evidente de la víctima que se ha
vinculado emocionalmente con su captor o victimario hasta
el punto de preferir mantenerse a su lado que hacer frente
a una nueva vida sin estar sometida al mismo, o bien mostrarse
decepcionado o desorientado una vez que el riesgo ha desaparecido,
y con él sus responsables.
Este
síndrome es utilizado principalmente en el campo de
la psicología clínica y en el estudio de comportamiento
de equipos y grupos expuestos a situaciones de plagio u hostigamiento,
en donde ha sido posible observar ese tipo de enlace victima-victimario,
y pueden leerse casos asociados al mismo cuando se trata de
rehenes, practicantes de un culto, abuso psicológico,
prisioneros de guerra, tráfico de meretrices, e incesto,
como se expone en la referencia que hace Wikipedia al consultarse
este fenómeno.
Pero,
¿puede ser rastreado hasta las empresas? Lamentablemente
la respuesta es sí.
El
Síndrome de Estocolmo Laboral, como lo he denominado,
es una variación sutil de su predecesor clínico
y, aunque posee características particulares, se encuentra
estrechamente vinculado a los sucesos que originaron su nombre.
El
Síndrome de Estocolmo Laboral no es otra cosa que la
conducta de apego, identificación e incluso vinculación
psico-emocional del individuo o grupo a empresas cuyas condiciones
de trabajo y/o estilos gerenciales son hostiles, inadecuadas
e incluso reprochables.
El
Síndrome de Estocolmo Laboral se diferencia del clínico
porque la “víctima” no ha sido forzada
o sometida a cautiverio por un tercero, entre otras expresiones
asociadas al mismo. Por el contrario, ha ingresado por su
entera voluntad y se mantiene atada a ese escenario, ya sea
porque es incapaz de concebir su vida sin las presiones, maltratos
y limitaciones que encuentra en él, o bien porque es
absorbida por una cantidad, a veces inverosímil, de
razones que le impiden deshacerse del mismo, independientemente
de que en ambos casos observa ventajas dentro del escenario
que coinciden con sus expectativas.
En
los estudios llevados a cabo para establecer la existencia
de colaboradores que mostraran este síndrome en el
ambiente laboral, en las empresas donde se presumía
este tipo de fenómeno, se logró constatar que
en el 67% de los casos los empleados preferían mantenerse
trabajando en la empresa independientemente que entendían
que estaban siendo maltratados de alguna manera por el estilo
gerencial y las condiciones propias del ambiente de trabajo.
Esto
quiere decir que existen colaboradores que se han identificado
emocionalmente con empresas que ofrecen condiciones inadecuadas
de trabajo, maltrato psicológico (e incluso físico)
y situaciones de estrés producto de una presión
innecesaria que, estando prácticamente en un cautiverio
voluntario, prefieren mantener ese estado de angustia y opresión
que abandonar el escenario que la causa.
Entre
las razones que arguyen pueden destacarse las siguientes:
-
Como conocen al jefe saben cómo manejar la situación
- Hay
pocas posibilidades de encontrar otro empleo en la actualidad
- Con
el tiempo uno se acostumbra
- Es
el estilo de la empresa
- No
hay otras opciones
- Mejor
esto que nada
- Me
gusta lo que hago, no la empresa
El
Síndrome de Estocolmo Laboral es un fenómeno
más común de lo que parece; se observa en personas
de todo tipo, nivel de educación, diferentes edades
y niveles de maduración, por lo general está
asociado a baja autoestima, pero su característica
más extraordinaria es la identificación con
un estilo gerencial que pone en riesgo su salud física,
mental y emocional.
Este
síndrome, al igual que muchos otros, es explicado a
detalle y profundidad en mi libro “El Síndrome
de Cronos y otras afecciones gerenciales”.
Nota:
Las reflexiones y propuestas aquí planteadas son de
mi autoría y del producto de mis investigaciones en
el campo de las ciencias administrativas. |