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Cuando
ingresamos a una organización, tenemos dos tipos de
contratos, a saber: el formal y el psicológico. Voy
a relacionar este contrato psicológico con los efectos
que provocan las fusiones y adquisiciones.
¿Qué
es el contrato psicológico? Es un acuerdo
tácito que se da cuando la persona integra una organización,
y donde organización y persona esperan ganar con la
nueva relación. Esta relación es dinámica
ya que este contrato, no escrito, cambia a medida que cambian
la organización y la persona. Además, existe
implícitamente un conjunto de expectativas recíprocas.
¿Qué
esperan las organizaciones?
- Cuidado
en la calidad de su trabajo.
- Comportamiento
de forma honesta con las personas con las que tratan (para
no dañar la imagen de la empresa).
- Flexibilidad
para adaptar su jornada laboral cuando sea necesario.
- Que
haya un proceso de reciprocidad.
¿Qué
esperan los empleados?
- Justicia
y equidad dentro de la empresa (en los procesos de selección,
promoción y evaluación).
- Retribución
adecuada a la realidad del mercado.
- Garanticen
toda la seguridad posible en un momento de inestabilidad
laboral.
- Posibilidad
de desarrollo, crecimiento.
Es
decir que hay una articulación de las necesidades y
expectativas de la persona con las de la organización.
¿Que
emociones se generan en este proceso?: incertidumbre,
ansiedad, malestar, alto grado de estrés, falta de
tolerancia a la ambigüedad, sensación de que unos
pierden y otros ganan, dudas (“antes estábamos
mejor”), las personas no tienen idea de dónde
están paradas, falta de comunicación precisa,
clima de tensión.
¿Qué
pasa en el proceso de F&A? Cargos
duplicados, conflictos culturales, problemas en los estilos
de liderazgo, resistencias a las mudanzas, definiciones poco
claras de la situación deseada, selección de
nuevos empleados para cargos clave, diferencias de beneficios,
quiebre en el contrato psicológico, percepción
de falta de crecimiento o de carrera profesional en la “nueva
empresa”, algunas personas son convertidas en “pasivos”
(cuántos años hace que trabaja en la empresa),
sacando ventaja de la situación, pérdida del
sentido de pertenencia, poder, status, ausentismo, se afectan
la moral y la productividad.
Frente
a una fusión o adquisición, se destacan dos
temas, que son la cultura y la arrogancia de la empresa matriz
(adquiriente) sobre la empresa objetivo.
Se
han observado tres tipos de arrogancia organizacional frente
a este tipo de situaciones: personal (“somos mejores
que ustedes”), cultural (“nuestros valores, prácticas
y creencias son superiores”) y directivas (“nuestros
sistemas administrativos son mejores”).
Esto
afecta a la moral, la productividad y el desempeño,
al mismo tiempo que existe otra problemática, que es
la duplicación de puestos. Por lo tanto, cabe preguntarse:
¿qué hacemos con dos gerentes de compras, dos
gerentes financieros, dos directores, dos jefes, dos empleados
de administracion?
¿Cuál
es el criterio que se usa para “retener” a las
personas?
¿Cómo
se maneja esa situación de temor implícito,
ya que nadie habla sobre la posibilidad de perder su puesto
de trabajo?
¿Están
los departamentos de Recursos Humanos preparados para estos
cambios?
Culturas
y valores diferentes se ignoran a la hora de integrar las
dos organizaciones. Durante las negociaciones, los temas más
conversados son los ajustes estratégicos, comerciales,
metas financieras, entre otros. Sin embargo el ajuste organizacional,
es decir la compatibilidad de las culturas, la unión
de sectores, son descuidadas.
Ya
sea en forma individual –donde el despido es la conducta
resultante más común frente a las fusiones–,
como en el personal clave o en puestos de alto nivel, no deben
ser gestionados de manera apresurada.
¿Por
qué? Porque estas personas tienen el conocimiento de
la cultura, de los procesos, los procedimientos, y aquí
aparece implícitamente la competencia interna, y la
pregunta es: ¿quién se quedará en el
puesto?
En
este proceso se ponen en juego el sentido de pertenencia,
la autonomía directiva, el sentimiento de pérdida
frente al anuncio de que “su“ empresa fue adquirida,
pérdida de identidad de la persona con su organización.
Una parte se fortalece y la otra se debilita.
Entre
el 50 y el 75 por ciento de los directivos clave de las empresas
adquiridas, dejan voluntariamente la empresa en los primeros
años de la fusión, y aparece una alta rotación
como un indicador de la falla en la integración (Baytos).
Otro
tema importante a tratar es el proceso de cómo se llega
a los altos puestos. ¿Qué variables se ponen
en juego? ¿Acaso las organizaciones aplican la justicia
organizacional, haciendo llegar a esos puestos a las personas
más competentes, con habilidades reales de liderazgo,
sentido de pertenencia, ética, compromiso, responsabilidad,
o llegan solamente por haber tenido posibilidades de un mayor
acercamiento con un directivo o ejecutivo del exterior, o
simplemente por favoritismo, amiguismo o simpatía?
Tengamos
en cuenta que estas situaciones tienen su impacto en las organizaciones.
El
desarrollo profesional es diferente en una multinacional que
en una empresa mediana, ya que se tienen en cuenta diferentes
valores, como la confianza, la lealtad, el “lo conozco
hace muchos años”. A veces son éstas las
personas que están en los puestos directivos. ¿Se
puede competir desde estos valores por el puesto? Y si no
le caí simpático al director, ¿impacta
sobre mi carrera? ¿Qué sucede con el profesionalismo?
¿Acaso
en las compañías se utilizan todas las evaluaciones
de desempeño para identificar las competencias que
se necesitaran en el futuro? ¿Se da a esta herramienta
todo el poder que tiene?
La
observación que realizo actualmente es que las personas
que están entre los 28 y 40 años comienzan a
desembarcar en los puestos jerárquicos en busca de
proyectos personales, sin tanta presión, estrés,
problemas familiares, viajes interminables, problemas de salud.
Podemos
tener en cuenta frente a estos procesos de cambio:
-
Hablar, a la hora de las negociaciones, de la compatibilidad
de las culturas, la unión de sectores.
-
Manejar las situaciones de temor implícito ya que
nadie habla sobre la posibilidad de perder su puesto de
trabajo.
-
Definir los criterios que se usarán para retener
a las personas.
-
Tener un plan de formación para transmitir cultura
y valores, políticas.
-
Desarrollar una cultura de Recursos Humanos que apoye a
los empleados y a la organización en estos procesos
de cambio.
-
Comunicar en forma precisa: ni más ni menos, en el
momento oportuno, ni antes ni después, y a las personas
adecuadas.
-
Reconocer la convivencia de dos realidades: la “vieja”
y la “nueva”.
-
Aprender de la experiencia como observador y no a la defensiva.
Creo
en este paradigma:
Las
personas somos cuerpo, lenguaje, espíritu y emociones,
una integración de todos estos dominios, y así
trabajamos, nos desarrollamos y buscamos ser exitosos y también,
felices.
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