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Recientemente
asistí a una conferencia cuyo tema central trataba
de explicar la importancia de la adaptación de las
organizaciones a los nuevos paradigmas reinantes en el mundo,
principalmente a aquellos relacionados con calidad y productividad.
Aunque los tópicos fueron variados y la actuación
de los expositores fue excelente, noté con preocupación
cómo se insistía en la importancia de mantener
al cliente satisfecho, la necesidad de ofrecer más
y mejores productos, de llegar a conocerlo y asegurar su preferencia,
basados en una serie de pasos, ingeniosa y responsablemente
organizados, cuya efectividad había sido comprobada
en otros escenarios. A medida que nos adentrábamos
en el tema observaba que constantemente se omitía más
y más uno de los elementos, para mí el más
importante, en cualquier estrategia de negocios: el recurso
humano.
Si
bien se habló de la relación cliente-proveedor,
de las alianzas estratégicas, de los incesantes cambios,
de la telemática y su beneficio en los negocios, en
ningún momento se habló de cómo debía
involucrarse al recurso humano en todo ello, advirtiéndose
en forma tácita que toda la organización habría
de adaptarse, sencillamente, al nuevo modelo.
Como
profesional de recursos humanos, siempre he creído
que existe una ecuación simple e irrefutable que no
puede obviarse al momento de pensar en cambios estructurales,
estratégicos u organizacionales. La fórmula
se nutre de tres elementos usualmente estudiados por separado,
o agrupados en pares, estos son: clientes, recursos humanos
y proveedores. En el proceso de mejora de los negocios, cada
uno de ellos responde a un rol de importancia en la cadena
de rentabilidad de la empresa, pero han de ser observados
desde una óptica diferente, resumida en la expresión:
CLIENTE
= RECURSO HUMANO = PROVEEDOR
No
puedo dejar de pensar en la cantidad de veces que he escuchado
hablar del cliente como una pieza fundamental para el negocio;
del mismo modo la fase “los cliente son tanto internos
como externos”; o la importancia de convertir a nuestros
proveedores en “aliados estratégicos” que
mantengan una constante relación ganar-ganar y nos
ayuden a mejorar nuestros procesos.
Al
hablar de recursos humanos, he observado muchas veces cómo
se repiten las frases anteriores exaltando el compromiso que
deben observar en cuanto a estos dos pilares del negocio,
pero entre una y otra cosa se olvida que el recursos humano
es, en perfecta alineación, tan importante y vital
como los anteriores, pues simplemente dependerá del
ángulo desde el cual se le observe para ser considerados
clientes o proveedores.
Mi
preocupación respondía a la manera enfática
en que los expositores explicaban la necesidad de conocer
las preferencias del cliente, de establecer lazos de fidelidad
a la marca y los productos, por su calidad y diferenciación
con la competencia, así como la de fortalecer sus relaciones
con los proveedores, alineando cada vez más los procesos
para facilitar las negociaciones e intercambios; pero en ningún
momento se habló de utilizar esos pasos para establecer
los mismos niveles de conectividad con el recurso humano,
que al final, como todos sabemos, es la empresa.
Las
organizaciones se preocupan por conocer más lo que
está fuera de ella que lo que forma parte de sí
misma, y no es que sea una característica única
de las empresas, pues pareciera que forma parte de nuestra
naturaleza; el hombre se ha dedicado más a estudiar
el espacio exterior que a la tierra en donde vive.
En
lo que a mí respecta, todo ese material que motiva
a las grandes, medianas y pequeñas empresas a alinearse
con las nuevas tendencias, es inmensamente útil si
se aplica también a la fuente vital. Debemos preocuparnos
por conocer a nuestro recurso humano, saber sus expectativas,
sus gustos, sus preferencias y realidades, observar la capacidad
que tiene de dar y cuánto puede ofrecer, involucrarlo
en nuestros procesos y no imponerlos como simple exigencia
pues, al final, no podemos seguir pretendiendo que se trata
de una raza a la que no pertenecemos y a la cual nos referimos
en tercera persona.
La
experiencia personal me ha demostrado que los modelos de negocios
usualmente son ideados pensando en las organizaciones como
si se tratase de una computadora a la cual hay que repotenciar,
donde sólo hay que reemplazar algunas piezas obsoletas
por otras nuevas y actualizadas; incluso puede llegar a cambiarse
al equipo completo, pero mientras siga siendo manejado por
el mismo usuario, con la misma forma de pensar y los mismos
métodos, el cambio será apenas perceptible.
Recientemente
he participado en levantamiento de modelos de competencias
orientados a la mejora del perfil ocupacional de los empleados,
a su adiestramiento y desarrollo. Sin embargo, ante la presencia
de este nuevo modelo de gestión, he observado que si
bien conocemos las brechas que posee el personal en cuanto
a los niveles esperados, más lejos estamos de conocerlos
realmente, pues los perfiles siguen siendo diseñados
por los que manejan la empresa y no por los dueños
del proceso.
Nos
parece sencillo y sumamente práctico establecer estrategias
para conocer el mercado y a los clientes-meta, pero completamente
difícil e incluso innecesario hacerlo con nuestra propia
gente.
Existen
organizaciones cuya misión, visión y valores
están plenamente identificados, cuyo modelo de negocios
está orientado a la innovación permanente e
incluso donde se jactan de poseer entre sus premisas el compromiso
con su gente, pero en la practica la desconocen totalmente,
y simplemente consideran al recurso humano como materia prima
para alcanzar los objetivos organizacionales.
Es
por ello que al hablar de nuevos modelos de negocios, ya sean
reorientaciones de antiguas prácticas o innovadoras
visiones del entorno empresarial, no debemos olvidar que existe
un factor común que estuvo, está y estará
presente en todo momento, el cual no debe ser integrado a
ningún plan, debe formar parte de éste, pues
no se trata de un ente aislado al que hay que convencer ni
al que hay que convocar; por el contrario, resulta tan particularmente
cercano que puede compararse con un órgano del cuerpo
humano, cuyo trabajo y desempeño al unísono,
con todos los demás, le permite mantenerse sano y enérgico.
Sin
duda habrá quienes considerarán que un nuevo
modelo puede ser la respuesta para mejorar el liderazgo empresarial
y sin duda buscarán asesoría externa para lograrlo.
No pierdo la esperanza de saber que habrá quienes antes
de mirar afuera, buscarán esa respuesta en su propia
gente y la tratarán a la altura de un buen cliente
y un importante proveedor. |
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