COMPARTIENDO
LECTURAS
Notas
sobre la autoestima en el ámbito del trabajo
Tomado
de El management según Maslow (Paidós,
2005), pp. 85-93.
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Si
ampliamos y enriquecemos nuestra comprensión del
nivel de motivación correspondiente a la autoestima,
creo que podmeos clarificar y cristalizar muchas cosas que
en la literatura sobre la gestión no acaban de salir
plenamente a la luz. Todo el mundo parece ser consciente
en alguna medida del hecho de que la gestión autoritaria
atenta contra la dignidad del trabajador y que éste
se revuelve con el fin de recuperar su dignidad y su autoestima,
bien de una forma activa, mediante hostilidad, vandalismo,
etc., bien de una forma pasiva, como lo haría un
esclavo, con toda clase de medidas arteras y maliciosas.
Estas reacciones suelen desconcertar a las personas autoritarias,
pero en general son fáciles de entender y tienen
mucho sentido desde el punto de vista psicológico
si se interpretan como un intento de mantener la dignidad
en condiciones de avasallamiento o de falta de respeto.
Una
manera de abordar esta cuestión es distinguir todas
las palabras de la literatura y, en general, los comentarios
con que las personas dominadas interpretan de una forma
negativa su propia situación. En cierto sentido es
como si les preguntáramos qué les desagrada,
qué es lo que evitan, qué les hace sentir
que pierden autoestima.
Lo
que estas personas desean realmente es:
Ser
actores principales.
Autodeterminación.
Tener control sobre el propio destino.
Decidir sobre sus propias acciones.
Poder planificar, hacer, lograr.
Poder tener éxito.
Que les guste la responsabilidad o, por lo menos, que puedan
asumirla de buen grado, sobre todo la responsabilidad sobre
sí mismas.
Ser activas en lugar de pasivas.
Ser personas en lugar de cosas.
Experimentar que su propio yo es el origen de sus decisiones.
Autonomía.
Iniciativa.
Capacidad de respuesta.
Que los demás reconozcan con justicia sus aptitudes.
La
diferencia entre la necesidad de la estima ajena y la necesidad
de autoestima tendrá que quedar muy clara en la redacción
final. Definir esta diferencia de una forma clara, nítida
e inequívoca. La buena reputación, el prestigio
o el elogio están muy bien, y para los niños
y los adolescentes puede que incluso sean necesarios antes
de que desarrollen una verdadera autoestima. O, por decirlo
al revés, un pilar necesario de la autoestima es
el respeto y el elogio de los demás, sobre todo en
los primeros años de vida. Al final, la verdadera
autoestima se basa en todo lo mencionado anteriormente,
en una sensación de dignidad, de gobernar la propia
vida y de ser dueño y señor de uno mismo (llamemos
a esto "dignidad"). Luego debo desarrollar con
más detalle la relación mutua entre dignidad
y autoestima y todo el tema del verdadero dominio, la verdadera
destreza, el verdadero logro (en contraste con el elogio
que puede ser inmerecido). Uno tiene que merecer
el elogio, el prestigio, las medallas y la fama; de lo contrario,
y a unos niveles inconscientes muy profundos, pueden llegar
a ser perjudiciales y generar sensación de culpa;
el aplauso inmerecido puede generar toda clase de procesos
psicopatógenos.
También
creo que será muy instructivo para mucha gente que
explique más a fondo cómo se defiende la persona
que ve pisoteada su dignidad. Volver a consultar el libro
Caste and Class in a Southern Town de John Dollard
y otros escritos donde se explica que los afroamericanos,
hundidos y pisoteados, incapaces de defenderse físicamente,
obligados a tragarse su rabia, aún pueden contraatacar
usando métodos pasivos de todo tipo que pueden ser
muy eficaces.
Por
ejemplo, puedo explicar con más detalle la noción
de pseudoestupidez (y luego subrayar los paralelismos que
se dan en la situación laboral). Hacer lo mismo con
la pereza y el aletargamiento. Lo mismo para el impulso
de libertad (que no sólo puede ser una forma de autoafirmación,
sino también un medio de volverse contra el opresor).
Hacer lo mismo con los métodos usados por los esclavos,
los pueblos explotados, las minorías oprimidas, etc.,
para defenderse engañando a sus opresores y luego
reírse de ellos; esto también es una forma
de psicodinámica de la represalia que surge de la
necesidad de autoestima. Lo mismo ocurre con la pasividad.
Creo
que en este contexto podría hacer uso de algunos
de los ejemplos que presento en mi Need to Know and
the Fear of Knowing. Creo que podríamos enseñar
a los directivos y supervisores, por no hablar de los consultores
de empresa o de quienes enseñan gestión empresarial,
que una gran parte de esas respuestas de los trabajadores,
esas respuestas que desprecian y que les enfurecen, pueden
tener precisamente el objetivo de provocar su enfado,
que éste sea su propósito, que sea
una forma de represalia. En todo caso, el hecho mismo de
reconocer esta psicodinámica permite que actúe
como el valioso indicador que es en realidad, que actúe
como un termómetro que indica la presencia de fiebre,
la presencia de alguna enfermedad oculta. Estas represalias
de carácter pasivo, furtivo y soterrado suelen surgir
de la ira, de la ira por sentirse explotado o dominado,
de la ira que provoca la falta de respeto.
Y
ahora preguntaría: ¿cómo no se va a
sentir insultado un ser humano si se le trata como una pieza
intercambiable, como un simple engranaje de una máquina,
como un accesorio más de una línea de montaje
(y con menos valor que una buena máquina)? No
hay forma más razonable, comprensible y humana
de responder a esta profunda amputación de las posibilidades
de crecer que el enfado, el resentimiento, la lucha por
salir de esta situación.
Si
preguntamos a directivos, jefes o profesores qué
harían ellos en una situación similar, es
decir, cómo se sentirían si se encontraran
en una posición donde no fueran tratados como seres
humanos, donde no se los conociera por su nombre sino por
su número u otra clase de etiqueta, donde no fueran
tratados como personas con unas cualidades propias sino
como piezas intercambiables, su respuesta suele dar a entender
que no les molestaría, que se esforzarían
al máximo para salir de esa situación. Es
decir, buscarían alguna clase de promoción.
Verían esta clase de trabajo como un medio para lograr
un fin.
Pero
como esto elude mi pregunta, luego les preguntaría:
"¿Y si tuviérais que seguir así
toda la vida? ¿Y si no hubiera posibilidad de promoción?
¿Y si no pudiérais aspirar a nada más?".
Creo que, entonces, estas personas de nivel superior lo
verían de una forma muy distinta. Personalmente creo
que las personas con más carácter y más
determinación serían las más
hostiles, las más revolucionarias, las más
vandálicas, mucho más que el trabajador medio
de hoy que ya se ha hecho a la idea de vivir así
el resto de su vida y que sólo cae parcialmente en
el vandalismo y en la hostilidad. Sospecho que si toda esa
gente que habla de los "estudios de rendimiento",
que habla de "gestión científica",
la gente de clase alta en general que espera que las personas
de clase baja acepten en silencio y con resignación
la condición de esclavitud, de anonimato, de pieza
prescindible que se les asigna, sospecho que si todos esos
patronos, dirigentes y jefes se encontraran con una situación
similar, iniciarían inmediatamente una revolución
o una guerra civil.