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LECTURAS
Una
visión en red
Tomado de Pensamiento en Red;
una nueva disciplina para crear, realizar y vivir,
de Sonia Abadi, Ed. Temas, pp. 45-47.
La
visión en Red genera cooperación creativa,
innovación, comunicación y confianza, dando
lugar a un management inspirado e inspirador.
“Hacía
varios días –me cuenta un gerente– que
estábamos tratando de encontrar la solución
a un problema relacionado con la producción. Llevábamos
innumerables reuniones, y perdí la cuenta de la cantidad
de mails que nos enviamos entre gerencias. Una mañana,
me levanté de mi escritorio y me dediqué a
recorrer las distintas oficinas sin la intención
de resolver nada en particular, conversando con la gente
de los temas que surgían espontáneamente.
Para mi sorpresa, luego del recorrido, no solo pudimos solucionar
el problema que nos preocupaba, sino que detectamos y resolvimos
otras cuestiones que se hallaban sin solución desde
hacía tiempo”.
El
gerente se movió activando la conectividad
informal y espontánea. A esto lo llamamos
tejer la red, algo así como instalar
el cableado por donde circulará la comunicación.
A partir de allí, los variados contenidos que se
quieran conectar fluirán sin obstáculos.
Además,
el hecho de no focalizar la búsqueda permite encontrar
más que lo que se estaba buscando: esa solución
y otras inesperadas.
Y
cuanto más abrimos la Red, multiplicando
la conectividad en todas las direcciones, solemos encontrar
más cantidad de respuestas, cada vez más alejadas
del foco de nuestra búsqueda. A veces hasta adelantamos
recursos y encontramos soluciones a dificultades que aún
no tuvimos tiempo de percibir.
En
cambio, cuando buscamos linealmente no solo nos perdemos
alternativas potenciales, sino que ni siquiera nos aseguramos
de encontrar lo que buscábamos.
Ir
en pos de un objetivo es semejante a salir de pesca con
un arpón. Por el contrario, cuando desplegamos la
red, lo buscado caerá naturalmente en ella. Si, por
ejemplo, nos encontramos por casualidad con alguien que
nos interesa para proponerle un proyecto, nos apuramos a
entregarle nuestra tarjeta con la expectativa de que nos
contacte. De ese modo actuamos en forma lineal, y convocamos
al otro a actuar linealmente. El interlocutor se limitará
a colocarnos en una lista de espera, de acuerdo a sus prioridades
de ese momento.
Si,
en vez de entregarle un trozo de cartulina que irá
a parar a una pila de elementos idénticos, generamos
en él un campo de interés intercambiando ideas
y buscando afinidades personales, nos tendrá flotando
en su red durante los próximos días.
Solo habrá que esperar que en el momento y lugar
adecuados, alguna asociación de ideas le recuerde
nuestra conversación. Y no cabe duda de que se las
ingeniará para encontrarnos.
Por
otra parte, el hecho de que alguien nos descubra otorga
un valor agregado a la relación, que se construirá
en Red, aportando el elemento de magia que siempre acompaña
el momento en que se produce el hallazgo.