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Hablan los protagonistas Alfredo
Moffat: Reportaje
de Silvia Ele (pseudónimo de Silvia Lisnofsky,
¿Cómo
podemos introducirnos en la cuestión del trabajo desde la psicología? Freud
decía que la familia y el trabajo son los dos pilares de la existencia
y del desarrollo de la vida. O sea que el amor y el trabajo son las dos
tareas que permiten desarrollar la vida en un sentido positivo. Por lo
tanto, el trabajo debe ser un trabajo que personalice. Ya sea a un
ejecutivo o a un peón de granja. Y cuanto más agradable le sea el
trabajo, más rendirá en él. Es decir, cuanto más sirva ese rol
profesional para consolidar su identidad, mejor lo desempeñará. Porque
una parte importante de la identidad es lo que yo hago: soy colectivero,
o carnicero, o ingeniero. Eso es lo que me sostiene y me recorta del
resto. También me da una pertenencia a una corporación. Entonces me
ayuda a explicar qué soy en la vida, respecto de los demás,
y cuál es mi destino. Por eso es importante que el trabajo tenga
una capacidad de individuación, de brindar una identidad. ¿Cómo
se articula la cuestión del dinero con el trabajo? Los
trabajos que brindan un alto nivel de gratificación son los peor
pagados, porque ya se pagan con la gratificación. Por ejemplo, un médico
gana muy poco en un hospital, pero su tarea es altruista y esto le da un
sentido a su vida y también le da prestigio. En cambio, un trabajo con
el mismo esfuerzo, pero alienante, o rutinario, hay que pagarlo mucho más. ¿Podría
aclararnos un poco más el concepto de identidad? Identidad
es lo que uno es. Uno es hombre, morocho, gordo, de origen italiano, que
vive en Lanús y que, fundamentalmente, es colectivero. Además es
padre, es esposo de, es el hijo de. Es decir, está inserto en una trama
que lo sostiene. Por eso, frente al exilio, o a una gran pérdida, o al
desempleo, siente que pierde identidad. No sabe cómo organizar el
proyecto de vida. ¿Qué
sucede en el caso de los ejecutivos que construyen su vida centrada en
sus logros laborales-profesionales? En
algunos casos (no en todos, no hagamos
generalizaciones odiosas) han diseñado un gran proyecto de vida, muy
ambicioso a veces. Y luego de recibirse trabajan mucho, consiguen el
departamento, el chalet en el country, una esposa, una amante, y todo
eso. Pero cuando tienen todo lo que habían proyectado tener, en muchos
casos, se les produce lo que se conoce como la “crisis de la mitad de
la vida”. Que básicamente es una crisis existencial. Y que, también,
en muchos casos, se supera cuando se pueden rescatar las fantasías
adolescentes, aquellas que quedaron sin realizar, que casualmente no son
las que se refieren a logros materiales. Más bien son las que se
refieren a ser útiles a los demás, tener actitudes solidarias, pensar
en el arte, o en la trascendencia o realizar estudios que fueron
postergados por poco rentables, pero que constituían su verdadera
vocación. ¿Por
qué, en muchos casos, el dinero no compensa al punto de que se produce
la crisis, con su consiguiente desequilibrio familiar, social, y
personal? El
trabajo debe ser un valor en sí mismo, no por el dinero que dé. Por
ejemplo, un médico muy prestigiado socialmente puede prescindir de
ciertas adquisiciones porque lo compensa el respeto que recibe de la
gente. Lo que más necesitamos es el respeto de los otros. Necesitamos
ser valorados, admirados. El dinero nos brinda un remedo de eso. O bien
la profesión nos permite ser respetados por los otros. La Madre Teresa
de Calcuta debía sentirse como millonaria, ya que tenía muy halagado
su narcisismo básico. Entonces el gran planteo respecto del trabajo es:
¿qué gratificación me da?, y además, ¿qué imagen mía da ante la
sociedad? ¿Por
qué este tipo de crisis se hizo más generalizada en las últimas décadas
del milenio pasado? Antes,
un ejecutivo, que era un empresario, o era el jefe, o el director, o el
dueño de una empresa que tenía una larga trayectoria (a veces
familiar), que era como un padre para sus empleados, tenía, además de
la ganancia material, una imagen que le daba un sostén psicológico.
Ahora, con las multinacionales, que tienen personas con alta calificación
profesional, pero son parte de una maquinaria enorme, donde no obtienen
la gratificación del
respeto de la comunidad a la cual manejan, la única satisfacción es la
que proviene del dinero. Necesitan entonces comprar y comprar, para
compensar la falta de reconocimiento público. Las empresas japonesas
–creo, no lo vi porque hasta allí no llegué–, son distintas en ese
sentido. Tienen una organización más tradicional. El que trabaja en la
empresa, forma parte de ella y participa de su prestigio. ¿Cuál
sería un perfil aproximado de un ejecutivo en el modelo actual? Basta
ver los aviso de pedidos de personal de ese nivel. Un ejecutivo tiene
que ser, en la empresa actual, "joven agresivo, con ambición",
y faltaría que dijera "despiadado". Dan una imagen de un psicópata
peligroso. Esto ya hace una preselección. Así, la gente más sensible,
humanitaria, depresiva, no califica. Y sí lo hace la gente que se centra más en la acción y en la mística
de la ganancia (porque de alguna manera también es una mística). Además,
este tipo de cualidades son incentivadas en los jóvenes ya que, por lo
visto, son cualidades solicitadas y que proporcionan ventajas en el
terreno laboral. ¿Cómo
es que suele caer en una crisis un individuo que es envidiado por su
poder, por sus bienes, por su posición? Al
ejecutivo, por un lado, se le puede envidiar sus logros materiales.
Pero, por otro, tiene un lado débil, que es el de la angustia
existencial. Es una de la angustias más profundas del hombre. Tiene que
ver con el amor, con el reconocimiento del otro, con que el otro lo
mire, lo acepte y lo valore. Cuando el ejecutivo que ha juntado muchos
miles de dólares se queda solo y toma un billete de 100 dólares y lo
mira a Benjamín Franklin para ver si lo reconoce, se da cuenta de que
el gordito lo mira de costado y sobrador. Lo cual no es de mucha ayuda
en una depresión existencial, y es entonces donde se viene a pique su
seguridad en el mundo. ¿Y
entonces qué puede pasar? Y,
allí es donde puede caer en manos de algún psicoanalista deshonesto
que le saca mucho dinero, y lo engaña convenciéndolo de que el sexo y
el dinero son las dos cosas que le dan sentido a la vida. Llegamos
a un tema crucial: los humoristas suelen bromear a menudo con la cuestión
de la vida sexual del ejecutivo, sobre todo con las quejas de sus
esposas respecto de la escasa atención que reciben. El
sexo es muy importante, pero no con su esposa. Porque en general, la
“bruja” le sirve sólo para ascender, le sirve de escalera para
conseguir el dinero que le permitirá obtener a todas las mujeres
glamorosas y jóvenes que andan por allí revoloteando a su vera, atraídas
por ese dinero. La familia es su fachada, la imagen para vender. Pero el
sexo está en lo trasgresor, en las otras. Y si aparece alguna que se
enamora de verdad, ella pierde. A menos que por algún costado humano
que todavía no tiene aniquilado, él también se enamore, y entonces
allí sí pierde él. Pierde su familia, su situación en la empresa y
su imagen se deterioran, y puede perder lo que logró. ¿Cómo
suele manejar sus relaciones interpersonales dentro del trabajo? En
su relación con sus subordinados, el ejecutivo no tiene que ser brutal,
porque ya no se usa. Tiene que practicar una seducción amable, pero
despiadada en el fondo, en la que lo convence de que obligarlo a
trabajar 16 horas diarias es una manera de ayudarlo a triunfar en la vida. ¿Y
cómo termina, en general, o se resuelve, una crisis? Cuando
llega a la crisis en la que entra en conflicto con su vida actual, es
porque ya se comió todas las zanahorias que él mismo se había
fabricado y necesita otras. Que a veces no son de la misma naturaleza.
Pasa de la necesidad de poseer objetos a la de poseer conocimientos,
amor, o sentimientos nuevos o postergados. Siempre detrás de un
ejecutivo triunfante está la posibilidad de un converso. Muchas veces
le sucede al ejecutivo exitoso que, de pronto, un día, hace un insight
y se encuentra con que no le gusta lo que es o lo que tiene o lo que
hace. El surgimiento de un sentimiento de amor hacia la gente, o una
necesidad repentina de amor, pueden producir un vuelco. Pensemos que su
posición no es fácil. Como todo el que tiene dinero, está siempre en
la duda espantosa: "¿Me quieren a mí por mí, o por mi
dinero?". Lo cual es también una desgracia. Supongamos
que produce el giro positivo necesario. ¿Puede seguir en su función de
antes sin conflictos paralizadores, o destructores? Puede,
entonces, generar un cambio en su conducta, humanizándose y sensibilizándose,
sin que esto sea incompatible con su condición general. No tiene que
dejar de ser lo que es. De hecho, muchas empresas se humanizan cambiando
su concepción, modificando su actitud respecto de sus empleados o de
sus consumidores, pero hasta cierto punto. No olvidemos que el
empresario, o el ejecutivo, no tienen absoluta independencia en este
sentido. Están presos de una maquinaria ideológica, que se llama
"las multinacionales", en las que su función es lograr el máximo
beneficio aunque para ello deba transgredir cualquier código moral. Si
no lo hace, se considera que bajó su rendimiento y puede ser despedido
o rebajado de posición. Sobre todo porque siempre hay otros atrás que
prometen cumplir mejor la función que él. Las multinacionales suelen
ser instituciones muy abstractas, a las cuales les interesa sólo la
mayor ganancia, y no registran que cuanto mayor sea su beneficio, más
niños mueren de hambre en el mundo, por ejemplo. Por supuesto, son muy
fuertes, y el ejecutivo no es dueño de cambiar las cosas porque ni bien
se le caiga una lágrima, la va a pisar, va a resbalar y va a caer,
empujado por los que vienen de atrás, tratando de ocupar su lugar. ¿Hay
algún mensaje de esperanza que pueda dejarnos acerca de ésto? Creo
que el ser humano en algún momento alcanzará el equilibrio que le
permita lucrar sin explotar, mandar sin someter, ser eficiente y al
mismo tiempo solidario. Posiblemente eso llegue el día en que pueda
comprobar que de ello obtendrá más beneficio (moral, afectivo, social
y de identificación positiva). Indice de los Archivos | Indice de Sección |
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